¿Será un domingo negro o de fiesta?
Nadie en su sano juicio se iba a imaginar que el cierre de gobierno de Andrés Manuel López Obrador sería en un ambiente álgido, como cuando él tomó las calles y se plantó en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México en protesta por el resultado de las polémicas elecciones que le dieron el triunfo a Felipe Calderón Hinojosa en el año 2006.
La víspera de su último informe de gobierno, programado para mañana domingo, las consecuencias de la aprobación de la Reforma al Poder Judicial y la sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión, se ha dispuesto a la par, una marcha de los alumnos de Derecho de la Universidad Autónoma de México, Universidad Iberoamericana, y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), entre otras decenas de instituciones públicas y privadas, cuyos estudiantes aseguran que se ve amenazado su futuro si en septiembre se aprueba, con la mayoría calificada, la reforma judicial.
También el movimiento estará respaldado con la presencia de trabajadores que se encuentran en paro del Poder Judicial Federal. El domingo, que pareciera podría ser de fiesta para la actual administración, corre el riesgo de que se convierta en un domingo negro para la democracia del país.
Esto tiene que ver con la manifestación y lo decimos no porque se dude de que la marcha no sea pacífica como lo adelantaron en la convocatoria los universitarios, sino porque el sector estudiantil siempre será impetuoso en su posición de que se respete el equilibrio de poderes, pero, sobre todo, en este caso, porque piensan que las modificaciones a la normatividad del Poder Judicial se están violando sus derechos humanos y futuras oportunidades para un trabajo estable.
Además, tiene que ver que en la movilización haya gente infiltrada que tanto el gobierno en turno como los llamados adversarios conservadores al presidente Andrés Manuel López Obrador, se acusen mutuamente de que hayan metido infiltrados para sacar raja y manipular la esencia del movimiento.
Las protestas de este domingo a los primeros días de septiembre, fecha tentativa que Morena ha manifestado será cuando apruebe la factibilidad de convertir en ley las modificaciones al Poder Judicial, podrían salirse de control y que el escenario político tome un giro de proporciones inesperadas.
Con el solo hecho de que se haya convocado a la movilización debe tener inquieto al gobierno en el poder, porque a estas alturas del sexenio no se pueden dar el lujo de permitir que se manche el proceso de todos los actos que se proyectaron durante seis años.
Además, la profundidad de la marcha programada dependerá qué tanto el gobierno puede maniobrar para calmar los ánimos de protestas y la inconformidad existente, en el entendido de que hay una gran cantidad de pobladores mexicanos que han manifestado en redes sociales su inconformidad sobre cómo se ha conducido el último tramo de la gestión gubernamental.
Si a ello se le agrega la postura que han planteado abiertamente los llamados conservadores, a través del Frente Cívico y de la Marea Rosa, en el contexto de que se plantarán frente a las sedes de las cámaras de Diputados y Senadores para impedir que se lleve a cabo la toma de protesta de la presidenta electa Claudia Sheinbaum, es un mensaje que presagia tormentas.
Ojalá que estas manifestaciones no sean el principio de inconformidades como las que actualmente se presentan en Argentina, donde el triunfo del derechista Javier Milei, ha desatado una serie de protestas por la forma en que ha llevado la política pública de Argentina.
O bien, las críticas que parecen no tener fin en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro, con los órganos electorales a su favor, resiste a la embestida de la oposición y de una docena de países cuyos gobiernos han hecho público que no reconocen el triunfo de Nicolás Maduro, debido a que hubo fraude.
En México no es el caso, pero no habría que quitar el dedo del renglón en el sentido de que esta sería la única oportunidad que le queda a la debilitada oposición para hacer más decorosa su reciente derrota que sufrió en las urnas el 2 de junio.
Por lo pronto, será un domingo que promete todo, menos que sea un día de campo para el último tramo de la administración del presidente AMLO y de visualizar lo que le espera a la gestión de Claudia Sheinbaum.










