Tránsito, transa porque transa
Comprobado. Los agentes de Tránsito traen la consigna de Carlos Morales Vázquez de llevar el máximo de infracciones al ayuntamiento, pues por un lado ayudan a la recaudación y, por otro lado, se llevan comisión.
El mejor ejemplo son los números que muestra la autoridad municipal; reconoce que cuando tomó posesión el presidente municipal, hace seis años (dos trienios), apenas recaudaban 400 mil, cuatro años después 4.5 y en este año la cifra subió a 6 millones de pesos.
La recaudación es mensual y con ello se tiene prácticamente más de la mitad de lo que «regala» cada mes a la empresa recolectora de basura, Veolia antes Proactiva, a quien le entrega mensualmente más de 12 millones de pesos, ocho de ellos para un trabajo deficiente, y 4 millones por renegociación de deuda, que incluye publicidad en Facebook para promocionar al Ayuntamiento.
Estamos de acuerdo con la regidora Adriana Guillén al decir que hoy en día los agentes están más atentos de infraccionar a quienes infringen el Reglamento. Sin embargo, donde la «puerca torció el rabo» es en el proceder de los uniformados que están al acecho, como policías, esperando el momento de caerle al infractor, sea cualquier circunstancia.
Las acciones sin ningún pudor de parte de los agentes de Tránsito tienen molesta a la ciudadanía, que ahora ha entendido que ese ha sido el gran negocio del presidente municipal. En el mercado del centro de Tuxtla, los locatarios están hasta la coronilla de la labor de los agentes que sólo andan infraccionando a las personas que acuden al centro de abasto, y como no hay suficientes lugares para estacionarse, prefieren no llegar para no ser presa de las “mordidas” que dan los uniformados.
Una denuncia ciudadana llegó a esta casa editorial, a propósito del comportamiento gansteril de las mujeres y hombres que andan cazando quitar placas por cualquier motivo.
La madrugada del martes, a eso de la una y media de la mañana, una pareja iba a bordo de su camioneta sobre la Avenida Central, en el sentido de poniente a oriente. A la altura de la Cuarta Oriente paró debido a que el semáforo estaba en rojo.
Sin embargo, la presencia de dos sujetos que no tenían la apariencia de “buenos ciudadanos”, y quienes provenían sobre la calle cuarta oriente, de sur a norte, intentaron acercarse a la unidad, por lo que el conductor de la unidad optó por arrancar, aunque el semáforo aún estaba en rojo.
Todo iba bien, tan es así que la unidad prosiguió su camino, pero a la altura de la décima oriente, seis cuadras de distancia, una unidad de Tránsito Municipal se acercó, tocó la torreta y le ordenó al chofer detenerse.
Enseguida el oficial dijo que se había pasado el alto y eso era motivo de una infracción al reglamento de Tránsito. Comentó que en la zona poniente había un fuerte accidente porque un conductor se pasó la luz roja y provocó que un motociclista se impactara. Fue una mentira piadosa para intimidar, pues el conductor había pasado por el lugar señalado tres minutos antes, además de que el percance fue consultado con las fuentes de la nota roja, con la Cruz Roja y Protección Civil y ninguna autoridad confirmó el hecho.
Significa ello que mienten para engatusar a su víctima. Enseguida pidió la licencia y la tarjeta de circulación. Todo en orden, aunque enseguida acusa sin la menor consideración al asegurar que el conductor viene alcoholizado. El silencio y una sonrisa socarrona del chofer de la unidad no le agradan cuando éste le recrimina su falta de respeto, pues su sobriedad no está a discusión.
Cuando el agente dice que hará la boleta de infracción, el conductor le responde que adelante, pero sólo le aclare por qué le notifica seis cuadras adelante y por qué no toma en cuenta el argumento de que estaba expuesto a un probable asalto si no se hubiese movido del lugar, derivado de que aún estaba la luz roja del semáforo.
Sin inmutarse, el agente guarda silencio, no responde para decir que levantará la infracción o si gusta hablar con mi comandante para ponerse de acuerdo. No, levante la infracción y el oficial acata la disponibilidad del conductor, pues este desde un principio le había mostrado, al buscar la licencia en su cartera, que esta no tenía un solo billete que “compartir”, si es que eso estaba contemplando.
La papeleta que extendió no traía la explicación de que ante un posible intento de asalto a la una y media de la mañana, el conductor decidió emprender la marcha, ni porqué se le hizo alto a la unidad cuatro cuadras adelante.
Lo sorprendente es que el oficial en ningún momento se percató que la acompañante del conductor de la unidad, había podido grabar toda la escena, cuyo testimonio servirá para presentar una queja ante la propia Secretaría de Seguridad y Tránsito Municipal, así como en Derechos Humanos, una querella que seguramente quedará engavetada pues afecta los intereses de imagen de la corporación y porque la Comisión Estatal de Derechos Humanos, en estos años, es prácticamente un cero a la izquierda.










