El nuevo Morena, sin AMLO
El domingo, Morena realizó su ya programada sesión de consejo extraordinario para elegir a su nueva dirigente que recayó en Luisa María Alcalde, la actual secretaria de Gobernación. Este proceso “democrático” ya estaba planeado y planteado desde el momento mismo que la responsable de la política interna del país se había destapado en solitario, pues en ningún momento fue secundada por alguien más de este partido que hoy está en los cuernos de la luna.
La luna de miel de la que goza y disfruta el partido en el poder se acentuó en la sesión extraordinaria, donde lo mejor fue la decisión que tomó la presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum Pardo, al pedir licencia como militante de Morena debido que en su ejercicio del poder debe gobernar para todos.
Esta práctica deben ejercerla todos los gobernantes, pues el partido que los lleve a poder pasar a segundo término. Así había sido toda la historia política mexicana. Los priistas, que gobernaron una tercera parte de siglo, lo hicieron para todos, lo mismo el PAN en sus dos sexenios con Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón.
Sin embargo, habría que decirlo, el negrito en el arroz en la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador fue que su gestión se enfocó para todos los mexicanos, con excepcional atención a su partido pues durante todo su gobierno no atendió ni recibió a las cúpulas del desaparecido PRD, del PRI o del PAN. Sólo tuvo referencias con Movimiento Ciudadano.
Esto no significa tampoco, que, en la práctica, a la hora de gobernar o entregar apoyos sociales, hiciera diferencias entre los partidos. Por ello el que la presidenta Sheinbaum haya renunciado temporalmente a su militancia es un buen augurio para el país y una sacudida mediática a las críticas que le han impuesto de estar bajo las órdenes de López Obrador.
Sobre los postulados del partido, están claras que son a semejanza de lo que quiere dejar como herencia el presidente de México, y en esta sintonía, habría que esperar qué rumbo toman los nuevos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional del partido guinda pues una vez que ya no esté en la escena política, visible, el máximo fundador, las divisiones internas podrían empezar a desencadenar un decaimiento en la popularidad que ha ganado todo en los últimos seis años.
A partir de este primero de octubre, cuando Claudia Sheinbaum asuma el trono, se verá qué camino tomarán los afines al presidente para redirigir el control total de la escena política nacional. Por un lado, teniendo a una presidenta sin partido, pero aplicando las políticas públicas necesarias para levantar a este país estacionado en la violencia entre grupos de la delincuencia organizada y en ver cómo traza la ruta para sacar del bache económico a México por tanto programa social que entrega a los mexicanos, maniobra política-social que le ha servido para tener a sus pies la preferencia de un gran sector de los mexicanos.
De ahí que muchos militantes de peso de Morena ven que las rupturas estarían próximas si no hay unidad dentro del partido, para considerar a Andy López Beltrán, el hijo que dejó AMLO como secretario de Organización, como la referencia que llevará y traerá los mensajes a su señor padre. Está comprobado sociológicamente que una persona que está obsesiona con el poder lo tendrá tras bambalinas, así haya dejado de ser la figura principal, en apariencia.
En un escenario de cordialidad y trabajo conjunto, Morena debería seguir cosechando triunfos y dominar por completo el país, pero en este contexto, hoy la apuesta es doble, por la sencilla razón de que hay muchos mexicanos que han empezado a reflexionar sobre el giro que se le ha dado a su voto que emitió el pasado 2 de junio.
De los millones de mexicanos que acudieron a las urnas, la mayoría, si no es que una tercera parte, nunca supo que votó para que Morena y aliados tuvieran mayoría en el Congreso de la Unión para hacer y deshacer a su gusto, pisoteando las posturas de la oposición, porque así lo “mandató el pueblo”.
Si duda que la mano de López Obrador seguirá estando a través de su hijo, pues en la cartera que tiene, pensada especialmente para las causas justas, destaca la coordinación de elecciones internas, organizar eventos y reuniones partidarias; supervisar el cumplimiento de las directrices del partido en los diferentes niveles territoriales; y fomentar la participación de los militantes en las actividades del partido.
Veremos en que termina el exhorto que hizo la presidenta electa a los militantes de Morena de no caer en nepotismo, porque son “varias las generaciones que hemos convivido y seguido a un hombre que nos enseñó como los grandes en nuestra historia a no rendirnos”. La historia, siempre la historia, será el testigo mudo del futuro halagador, el estancamiento o el retroceso de este país en manos de la nueva generación de morenistas, encabezados por Luisa María Alcalde y el hijo de AMLO.










