Jorge Éver González Domínguez /Chiapa de Corzo, Chiapas

Algeciras, Colombia, 1981. Es el menor de cinco hermanos, sus padres han sido el mejor ejemplo de vida. El arte viene por sangre desde sus tíos, algunos de ellos tocaban guitarra y cantaban. Primos como Marcos Jojoa, gran Bolerista y su padre Jorge Jojoa Torres, artista plástico.
A la edad de 7 años recibió como regalo su primera guitarra; a los 17, cantaba en bares y por arte de magia llegó a un sitio llamado El Bulín, ahí empleó todo su conocimiento, pudo navegar entre las voces de la canción latinoamericana, la música andina, la samba argentina, el bolero ecuatoriano, entre otros.
Luego, decidió entrar a estudiar a la fundación musical Gentil Montaña, donde las bases musicales se asentaron entre la música clásica, el flamenco y el son cubano.
El cantante nos dice:
“Creo que la música es un lenguaje universal. Por lo tanto, nosotros como compositores tenemos la capacidad y el compromiso de dejar ver la realidad de las cosas, aportando un mensaje que pueda influenciar a la humanidad con letras, con contenido de esperanza, siempre resaltando lo hermosa que es la vida e incluso que los jóvenes vuelvan la mirada a la poesía, a esa composición seria, armoniosa, llena de cultura y conocimiento.
Siento que cantar es una manera de expresar las emociones, un descanso del alma que preña las manos para llenar la guitarra de acordes, notas musicales que se transforman en prosa y verso que me sostienen en una idea, en un viaje introspectivo y esto me permite llenar las páginas en blanco de amor, de naturaleza, e inclusive volver a darle textura a alguna musa que aún revolotea como mariposa en mi cabeza.
He podido desenfocar un poco la mirada de la sociedad, para hacer entrar en razón de la importancia de la compasión y servicio por la humanidad. Porque en realidad, ignoramos e intentamos dar por alto que estamos llenos de egoísmo y acabamos como parásitos de nuestra identidad, de nuestro planeta; que hemos perdido esa capacidad de ser humanos, dejando que se pierdan nuestras raíces, acentuando modernismos, olvidando quiénes somos.
La verdad, todos los días aprendo. La música es maravillosa, a diario conoces gente que aporta su conocimiento, desde el mejor poeta, político, médico y bohemio, hasta el campesino que te habla en el camión, cada historia es diferente y esto es referente para una nueva canción.
La música apertura el corazón de la gente: abre puertas y ventanas. Te regala todos los días una enseñanza diferente, momentos de introspección. La música me da todo su esplendor cuando logro que la gente oiga y escuche mi obra. E inclusive la esperanza de que alguna canción mía, se renueve de tiempo en tiempo.
La música es una forma de vivir, es como el agua: te quita la sed, apacigua tus tardes en horas de soledad y también te invita a dormir, a descansar en ella e inclusive a llorar sobre sus hombros. Te da un abrazo de recuerdos gratos, pero es ambivalente: puede ser algo dolorosa entre sus letras, también sana el alma. Tenemos en nuestras manos, la forma de llegar a las personas a través del arte.
Quisiera llegar a más personas con mi música, dejar una enseñanza, un legado a través de mi guitarra, ser un mensajero de conciencia y ejemplo para las nuevas generaciones”, concluye.
En la actualidad, el también compositor sigue estudiando para poder nutrir su música y entregar un buen material a las personas que escuchan las canciones. Solo desea aportar a la humanidad a través de una revolución de las simples cosas, con solo disparar un te quiero o una bomba de ilusión.
Sus composiciones actualmente son: Eres, Mi país, La verdad, El vuelo de la mariposa, No puedo darte una canción, Te quiero en mi vida, Juramento, entre otras que están por salir; en total hay 50 canciones que poco a poco irá compartiendo.

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