Transparencia en el manejo de los recursos, el punto fuerte del gobierno que se va
En los últimos sexenios, en Chiapas no se habían presentado escenarios de estabilidad económica como el que hoy presume el gobernador Rutilio Escandón Cadenas, de cerrar, a menos de dos meses su administración, con finanzas sanas que implican que las deudas heredadas principalmente por los gobiernos de Juan Sabines Guerrero y Manuel Velasco Coello, hoy estén estables, robustas, lo que le facilitará a la gestión de Eduardo Ramírez Aguilar, iniciar con el pie de derecho.
Lo decimos porque no es lo mismo que en el 2012 Velasco Coello haya tomado las riendas del estado con una deuda descomunal de casi 40 mil millones de pesos, dinero que no se sabe dónde lo tiene guardado Sabines Guerrero y sus secuaces -que prácticamente dejaron en bancarrota a la entidad, a que hubiese dejado recursos en las arcas, suficientes para no pasar penurias en el proceso de consolidación de una administración a otra.
En el periodo de Sabines, el desfalco ha sido la gran bofetada que dicho personaje le asestó a la población chiapaneca al endeudar al estado con la complicidad de los legisladores de aquella época que alzaron la mano, para aprobar las solicitudes de préstamos que el mal llamado “ciclón del sureste” hacía cada que se le metía la gran idea de “proponer” proyectos obsoletos o ficticios.
Desde el 2006, en materia de finanzas públicas, el Estado sufrió los estragos de un pésimo gobierno que derrochó la “paga” a diestra y siniestra. El gobierno de Escandón, pese a ello, 12 años después, a días de terminar su mandato, asegura que hay dinero suficiente para continuar con el “segundo piso de la Cuarta Transformación.
Grato escuchar de un mandatario que está en el ocaso de su administración, que se generaron ahorros importantes para invertirlos en el desarrollo de Chiapas, pero que además se saldaron deudas heredadas.
En estos tiempos difíciles donde la consigna puesta en práctica en algunos gobiernos del país ha sido que “el que no transa no avanza”, habría que darle todo el mérito que se merece a la labor honesta y transparente con el que el mandatario precisa se trabajó.
Podrán surgir algunas dudas, como en todo proceso de transparencia en la ejecución de los recursos, pero la confesión que hizo el mandatario el martes cuando se reunió con todo su gabinete, como lo hace cada quince días desde que tomó las riendas del gobierno, en el sentido de que su trabajo en el gobierno, junto con su equipo, ha sido una “misión cumplida”, encierra la certeza de una labor gratificante, y eso hay que destacarlo.
Muy, pero muy diferente, a diferencia de sus antecesores, se nota la política íntegra del gobernante que, en lugar de estar en el limbo, pensando otras cosas, les solicita a sus funcionarios que el proceso de rendición de cuentas fluya de forma correcta, en orden y con transparencia.
Sin duda que esta recomendación debe ser el aliciente para llevar a cabo una transición de poderes tersa, sin aspavientos, sobre todo, si se toma en cuenta que la llegada de Ramírez Aguilar no representa un cambio radical en la forma de gobernar sino darle continuidad y mejorar lo que encierra en sus lineamientos la Cuarta Transformación.
Con Rutilio, la comunicación social fluyó y hay que reconocer, no hubo impedimentos para el ejercicio de la libertad de expresión, aunque sí habría que precisar, que su forma de gobernar no comulgó para tener un trato directo con el gremio, contrario a lo que hizo el gobierno federal a través de las mañaneras, política que han emprendido otros gobiernos estatales como la Ciudad de México, Campeche, Sinaloa o Veracruz, estas dos últimas entidades que, por cierto, no les ha ido nada bien a sus gobernantes por los hechos de violencia que viven.
Sin embargo, dada la importancia de la ocasión y para que después no se preste a malos entendidos, será necesario que antes de que finalice la administración, se brinde un informe pormenorizado de cómo se encuentran los organismos públicos, cómo dejan los aspectos administrativos, financieros y operativos.
Citar cuánto se deja en las arcas para que la nueva administración pueda operar sin problemas, sería el punto final a esta administración que, si bien tuvo sus altibajos, como cualquiera lo tiene en un proceso de seis años, sería lo ideal en un mundo donde la transparencia es lo básico para que la certeza jurídica de los gobiernos les permita continuar con normalidad.










