El Soneto al Dr. Francisco Díaz, de Miguel de Cervantes Saavedra

Krzysztof Sliwa / Atlántico, Barranquilla, Colombia

(Primera de dos entregas)
El magnífico investigador Emilio Maganto Pavón, Jefe de Sección de Urología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, exprofesor asociado de la Universidad de Alcalá de Henares y autor de los espléndidos libros, entre ellos: El poeta Pedro Laínez (1538-1584), apoyado en los 63 nuevos documentos, 9 poemas redescubiertos y 4 firmas autógrafas de Pedro Laínez (1538-1584); La familia Villafranca y Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 2014); e Isabel de Saavedra. Los enigmas en la vida de la hija de Cervantes (Madrid, 2013), descubrió en colaboración con la doctora Ana Isabel Linares Quevedo, profesora del Hospital Universitario Infanta Sofía en la Universidad Europea de Madrid, nuevos documentos sobre la edición príncipe del Tratado de todas las enfermedades de los riñones, vejiga y carnosidades de la verga y urina (1588), del alcalaíno Francisco Díaz (1527-1590), hito en la historia de la Urología española y europea, divulgados en «Datos documentales y bibliográficos sobre la edición príncipe del Tratado de Urología, del Dr. Francisco Díaz», Historia Urológica Hispánica 3 (2024), pp. 4-44.
La meta del Tratado de Urología, una de las mejores obras urológicas del Renacimiento europeo, fue según Francisco Díaz, después de treinta años de ejercicio profesional, «escrita en castellano, para que hombres curiosos y tocados del mal puedan preservarse de él y aún curarse…» (L. I, cap. I, fol. 3v). El libro fue anunciado en 1575, publicado en 1588 y de acuerdo con Francisco «la idea y la temática del texto no fue suya porque se la surgió Francisco Valles de Covarrubias» (1524-1592), conocido como «Divino Valles», considerado el introductor de la anatomía patológica moderna.
Gracias al extraordinario historiador Maganto Pavón, sabemos que hoy «hay 16 bibliotecas en el mundo que conservan 16 originales, el número de ejemplares de la edición príncipe es 26 y Madrid guarda 14 originales. Naturalmente, este registro no es definitivo y está sujeto a variaciones que requeriría una investigación más profunda» (E. Maganto Pavón y A. I. Linares Quevedo, «Datos…», p. 35).
De igual manera, se documenta que Francisco, quien tuvo una biblioteca de 146 libros de medicina y otras 47 obras en romance, fue «ignorado en Europea hasta casi el siglo XX y su magnífica obra fue silenciada por los grandes tratadistas e historiadores extranjeros de la especialidad del siglo XIX» conforme al urólogo valenciano Rafael Mollá Rodrigo (1862-1930) (E. Maganto…», pp. 3).
Asimismo, Maganto Pavón dilucide adecuadamente que «lo más probable es que lo redactara para devolver la dedicación de los cirujanos españoles hacia determinadas técnicas urológicas abandonadas en manos de charlatanes, empíricos ignorantes y litotomistas desaprensivos: “…una cosa no dejaré de decir, y es un yerro grave que en España se usa; que el sacar la piedra…la han apartado de la Cirugía, y la tratan algunos artífices que podrían ser castigados por homicidas…y en poder de idiotas y bajos hombres que apenas los más deprendieron leer, ni saben, ni quieren saber…”» (L. II, cap. VII, f. 247v).
En este sentido, resalto que Emilio acreditó documentalmente que el cirujano mayor del ejército, cirujano de cámara de Felipe II (1527-1598), y el de Felipe III (1578-1621), Juan de Vergara (1545-1620), amigo íntimo de Díaz, formó parte del círculo literario del glorioso Manco, quien fue alabado en La Galatea (1585) y en el Viaje del Parnaso (1614). Añádase a esto, que Juan fue «médico y cirujano de Segovia, donde desarrolló su actividad profesional, y estaba emparentado con el doctor Francisco porque este último estaba casado en segundas nupcias con Mariana de Vergara, prima hermana del primero» (E. Maganto…», p. 21).
Igualmente, Emilio asevera que «Francisco se decidió comprar en el molino de papel del monasterio del Paular (Segovia), el mismo lugar, donde Juan de la Cuesta compró el papel para el Quijote. En la época que tratamos el papel para la edición de los textos casi siempre corría a cargo de los impresores, los cuales se encargaban de realizar la gestión y trámites de la compra y trasporte de las resmas, cuyos gastos luego cargaban al autor de la obra. Así sucedió, por ejemplo, con el papel “burdo” para la edición del Quijote, de cuyos gastos de tramitación y acarreo se encargaron Juan de la Cuesta y Francisco de Robles» (E. Maganto…», pp. 20-21).
Por lo que atañe al soneto encomiástico de Cervantes a Díaz para el Tratado de Urología, este despertó entre biógrafos y cervantistas muchos interrogantes y el principal fue: por qué el soneto figura al final de la obra y no al principio, como todos los sonetos laudatorios. Generalmente, estos poemas, llamados también liminales, figuraban entre los preliminares de los libros de nuestro Siglo de Oro» (E. Maganto…», p. 29). El soneto reza:

Soneto al Dr. Francisco Díaz

«Al Dotor Francisco Diaz, de Miguel de Ceruantes, soneto

Tv, que con nueuo y sin ygual decoro,
tantos remedios para vn mal ordenas,
bien puedes esperar destas arenas
del sacro Tajo las que son de oro,

y el lauro que se deue al que vn tesoro
halla de ciencia, con tan ricas venas
de raro aduertimiento y salud llenas,
contento y risa del enfermo lloro.

Que, por tu industria, vna deshecha piedra,
mil marmoles, mil bronzes a tu fama
dara, sin imbidiosas competencias.

Darate el cielo palma, el suelo yedra,
pues que el vno y el otro ya te llama
espiritu de Apolo en ambas ciencias».

Continuará mañana…

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