Los productos típicos de Todos Santos han subido de precio de manera impropia en algunos lugares de Tuxtla
Francisco Mendoza / Diario de Chiapas
A una semana de comenzar las celebraciones de Todos Santos y que los niños comiencen a salir a pedir calabacita en este día de muertos, los productos típicos de la temporada han subido de precio de manera impropia en algunos lugares.
La diferencia de esta temporada es que los precios de estos productos han subido de un 10 al 20 por ciento, así lo dio a conocer la señora Delia María Gómez, locataria del otrora mercado Pascasio Gamboa, quien se dedica a la venta de dulces tradicionales.
“La venta ha estado más lenta que los últimos años; ya ve que estos productos son de una temporada muy corta y necesitamos por lo menos recuperar la inversión”.
Dijo que los precios de los productos de día de muerto subieron a tal grado que han afectado los precios, “no en su totalidad, porque hay dulces que son típicos de aquí que no salen tan caros, pero los que traemos de México como las calaveritas, los ataúdes, las flores y otras cosas si están un poco más caras”.
El flete y el aumento de la gasolina han provocado esta alza, pero aun así los comerciantes apuestan a la venta de productos que tienen que ser vendidos en una semana, ya que de otra manera los productos se echan a perder.
“Nosotros no podemos guardar los productos un año, tienen que salir en la temporada, son dulces que se echan a perder rápidamente, mucho unos 20 días, no son como las gomitas u otros dulces que vienen en bolsas”.
La inversión de los productos fue de alrededor de 30 mil pesos, de los cuales pretende ganarle por lo menos un 20 por ciento a los productos; “queremos que salgan de una vez, no podemos tenerlos exhibidos mucho tiempo porque esto es así, pasa el 02 (de noviembre) y luego viene todo lo de Navidad”.
El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre; comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.
Dulces que van al altar
Declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, las celebraciones indígenas del Día de Muertos constituyen, sin duda, la festividad más importante de México.
Esta ocasión se celebra a lo largo y a lo ancho del país, en cada lugar con sus diferentes tradiciones, todas muy ricas y todas con raíces que se remontan a tiempos prehispánicos, simbolizando la fusión entre la cultura europea y la cultura nativa.
Y nada mejor para honrar a los difuntos que los dulces, deleite para la vista y para el paladar.
Calabacita con dulce. Como es un fruto propio del otoño, aquí en México hay distintos tipos de calabaza que se parten en trozos y se ponen a hervir con un poco de piloncillo, agua y canela en rama. En cada estado se usa un tipo de calabaza diferente, pero la más popular es la calabaza de Castilla.
Calaveritas de chocolate y de amaranto. El cacao y el amaranto son dos productos originarios de México que, además, son muy nutritivos. La elaboración de estos dulces se realiza en moldes de barro, donde se dejan secar, para después desmoldarlas y decorarlas con flores y adornos hechos a base de azúcar glass con limón y colores comestibles.
Dulce de tejocote. Este es un dulce muy tradicional, ya que comienza a cosecharse justo en el mes de octubre, y suele servirse en las festividades de Todos Santos; en algunas regiones se hace con azúcar, canela y clavo y en otras con piloncillo.
Figuritas de Jamoncillo. Este singular dulce se elabora a partir de las pepitas o semillas de calabaza. Su textura es tersa y prácticamente se deshace en la boca. Esta delicia de la repostería mexicana tiene sus orígenes en el siglo XVI, nada menos que de las muy afamadas cocinas conventuales de Puebla y la Ciudad de México. Tiene una consistencia muy parecida al mazapán almendrado español, pero a un costo mucho menor.
Calaveritas de azúcar. Es un dulce que se pone en los altares de muertos y que, aunque tiene su origen en el tzompantli (altar prehispánico formado de los cráneos de los sacrificados), en México se elabora con el azúcar que fue traída por los españoles durante la colonia, a lo que se sumó la tradición árabe de la elaboración de una pasta conocida como alfeñique (palabra que, por cierto, proviene del sánscrito phañita, que significa pasta de azúcar). Son populares en el Estado de México, Oaxaca, Guanajuato, Toluca, Puebla y en Michoacán.
Dulces de leche. Hay muchos estilos, formas y combinaciones, pero en esta época del año tienen figuras alusivas al Día de Muertos. Pueden estar elaborados con leche de vaca o de cabra, según la región, y llevan azúcar, canela o vainilla, bicarbonato y se adornan con nueces y pasitas.
Dulces cristalizados. En ningún altar deben faltar estas delicias; se trata de frutas o verduras que son sumergidas varias veces en azúcar o piloncillo, hirviendo hasta que quedan brillantes como joyas. Piña, camote, biznaga, papaya, nopal, chile poblano, chayote, pepinos, limón, zanahoria, higos y limones rellenos de coco rallado.
Pan de muerto. No hay altar de muertos muy mexicano que no tenga varias piezas de este delicioso pan, que en algunos estados del país se conoce también como hojaldre. Su origen se remonta a la época prehispánica, utilizado para ofrendas a los dioses; su preparación era a base de semillas de amaranto molidas y tostadas, que se horneaba y luego era regado con (según dijeron los españoles) sangre de los sacrificados.










