Dr. Guillermo Flores Flores. [email protected], [email protected]

Más sobre glioblastoma multiforme

Los tumores del sistema nervioso central, al igual que los tumores de prácticamente cualquier localización, se pueden dividir en tumores indolentes o de crecimiento lento y en tumores agresivos del Sistema Nervioso Central y entre estos no podemos dejar de mencionar a los llamados Gliomas de “Alto grado de malignidad” entre los que encontramos al llamado Glioma Anaplasico y al Glioblastoma Multiforme, debemos recordar que cualquier tumor que se forme en las células gliales (del griego «glía», que significa pegamento), o en tejido de sostén, del cerebro se denomina “glioma”. Un tipo de glioma es el astrocitoma. Los astrocitomas toman su nombre de los atrocitos, las células en forma de estrella de las cuales crecen.
Los astrocitomas se clasifican por grado para describir su nivel de agresividad. El sistema de gradación utiliza una escala de I a IV. Los tumores también se pueden agrupar por su ritmo de crecimiento: grado bajo (crecimiento lento), grado medio (moderado) y grado alto (rápido).
En esa escala, un glioma de grado I se considera potencialmente “benigno” ya que en algunas ocasiones la escisión quirúrgica completa se considera curativa. No obstante, estos tumores se diagnostican casi exclusivamente en la infancia.
Los gliomas de grado II a menudo se designan como de “bajo grado” ya que el término “benigno” no refleja la tendencia común de estos tumores. A muchos pacientes con gliomas de grado II no se les hace ningún favor al decirles que sus tumores son benignos. Los pacientes con gliomas de grado II requieren un control consecutivo mediante resonancias magnéticas o tomografías computarizadas (MRI y CT, por sus siglas en inglés) para vigilar que el tumor no vuelva a aparecer. Los términos “glioma maligno” y “glioma de grado alto” comprenden tanto a los gliomas de grado III como a los de grado IV, y reflejan el hecho de que el manejo de estos tumores es bastante similar, con algunas excepciones importantes.
La palabra “Anaplasico” significa maligno y hace alusión a la falta de semejanza con el tejido sano. Un astrocitoma anaplásico es un tumor de grado III o grado medio que se infiltra en forma difusa en el neoplasma que confirma una anaplasia focal o dispersa y un aumento del índice de crecimiento en comparación con astrocitomas de grado I y II. El diagnóstico histológico se basa en la atipia nuclear y la actividad mitótica.
El glioblastoma multiforme (“multiforme” ya no forma parte de la designación de la OMS, aunque glioblastoma aún se abrevia frecuentemente como “GBM”) es el grado más alto de tumor del tipo glioma (grado IV), es la forma más maligna de astrocitoma, y es sinónimo de glioma de grado IV. Las características histológicas que distinguen a los glioblastomas de todos los demás grados son la presencia de necrosis (células muertas) y el aumento de vasos sanguíneos alrededor del tumor. Los tumores de grado IV siempre son tumores de crecimiento rápido y con un alto nivel de malignidad.
En esta nueva era, se han explorado en forma intensiva los marcadores moleculares para superar la limitación en el diagnóstico histopatológico de los gliomas. El perfil de la expresión de los genes ha permitido desarrollar nuevos esquemas de clasificación molecular.
Esta clasificación según el perfil de expresión de los genes también ha revelado clases moleculares no detectadas mediante los métodos tradicionales de observación de muestras de tumor al microscopio.
Y a partir del empleo de estas técnicas de investigación se hicieron evidentes cuatro tipos moleculares definidos de glioblastomas. Estos tipos de glioblastoma específicos pueden llevar a diferentes regímenes de tratamiento. La incorporación de técnicas moleculares en los análisis de tumores de los pacientes dará la esperanza de una medicina personalizada mediante fármacos oncológicos específicos.
Aproximadamente el 50% de los gliomas son glioblastomas. Son más comunes en adultos de entre 45 y 65 años de edad, y afectan a más hombres que mujeres. Los glioblastomas se forman a partir de tejido cerebral normal. Pueden invadir y migrar fuera del tumor principal dentro del cerebro; no obstante, los glioblastomas rara vez se propagan a otras partes del cuerpo. Hay dos subtipos de glioblastomas: de novo (nuevo o primario) y secundario. Los tumores de novo se desarrollan rápidamente y tienden a mostrar su presencia en forma abrupta. Son los más comunes, y una forma de glioblastomas muy agresiva. Los tumores de novo representan la mayoría de los glioblastomas en personas de 55 años en adelante. Los glioblastomas secundarios se encuentran con más frecuencia en pacientes de 45 años y menos, generalmente comienzan como astrocitomas de grado bajo o medio que fueron programados genéticamente para transformarse finalmente en glioblastomas malignos de crecimiento rápido. Los astrocitomas anaplásicos aparecen con más frecuencia en adultos más jóvenes.
Los astrocitomas anaplásicos aparecen con más frecuencia en adultos más jóvenes. Aproximadamente el 9% de los tumores cerebrales infantiles son glioblastomas. Los científicos están desarrollando pruebas que puedan ayudar a identificar mejor estas dos subcategorías de glioblastomas. Se ha observado que entre el 1 y el 7% de las personas con glioblastomas y aproximadamente el 4% de las personas con astrocitomas anaplásicos tienen varios tumores en el momento del diagnóstico.
Los tumores cerebrales no se pueden prevenir. La causa de estos tumores y otros tipos de tumores cerebrales se desconoce. Los genes son componentes básicos fundamentales que se encuentran en todas las células del cuerpo. Los científicos han identificado anomalías en los genes de diferentes cromosomas que podrían desempeñar un rol en el desarrollo de los tumores.
No obstante, aún no se sabe con certeza qué es lo que causa estas anomalías. Los científicos están realizando investigaciones ambientales, ocupacionales, familiares y genéticas para identificar los vínculos más comunes entre pacientes. A pesar de la gran cantidad de investigaciones sobre los riesgos ambientales, no se ha encontrado ninguna causa directa. La mayoría de los tumores cerebrales no son hereditarios. Los tumores cerebrales pueden ser causados por un síndrome heredado genéticamente, como, por ejemplo, la neurofibromatosis,
Li-Fraumeni, Von Hippel-Lindau, Turcot y esclerosis tuberosa, y afectan solamente al 5% de los pacientes.

Síntomas
A medida que crece el tumor, podría interferir con las funciones normales del cerebro. Los síntomas son una señal saliente de esta interferencia. Como el cráneo no se puede expandir en respuesta al crecimiento de un tumor, los primeros síntomas generalmente se deben a un aumento de la presión en el cerebro. Los dolores de cabeza, las convulsiones, la pérdida de memoria y los cambios de comportamiento son los síntomas más comunes. También son comunes la pérdida de movimiento o sensibilidad en un lado del cuerpo, una disfunción en el lenguaje y trastornos del conocimiento del medio ambiente.
Dependiendo del tamaño y la ubicación del tumor también pueden aparecer otros síntomas. Diagnóstico Para obtener un diagnóstico preciso, lo prudente es comenzar con un examen neurológico seguido por una RESONANCIA NUCLEAR MAGNETICA O UINA TOMOGRAFIA COMPUTARIZADA. La exploración se realizará con una tinción de contraste que hace que el borde y los detalles del tumor sean más visibles. Si tiene un tumor, la exploración ayudará a su médico a determinar el tamaño, la ubicación y el tipo probable de tumor. Algunos médicos podrían solicitar también una espectroscopia por resonancia magnética (MRS), que mide los niveles químicos y minerales en un tumor. Esas mediciones pueden dar una sugerencia de si el tumor es maligno o benigno. También podría ayudar a distinguir entre un tumor cerebral y otros problemas médicos, como una infección (tuberculosis, parásitos, bacterias y hongos), desmielinización (una enfermedad que daña la mielina, o la vaina protectora, de las neuronas del cerebro) o una apoplejía. En la Resonancia Nuclear Magnética con contraste, los gliomas de grado alto se ven brillantes (esto se denomina realce); los gliomas de grado bajo frecuentemente no se destacan con el contraste o solo lo hacen levemente. No obstante, únicamente el examen del tejido del tumor de un paciente al microscopio puede confirmar un diagnóstico exacto.
Generalmente, el primer paso en el tratamiento de los glioblastomas es la cirugía. Con las técnicas modernas actuales, la cirugía generalmente es segura para la mayoría de los pacientes. Los objetivos de la cirugía son obtener tejido tumoral para el diagnóstico y la planificación del tratamiento, extirpar la mayor cantidad posible de tumor y reducir los síntomas provocados por la presencia del tumor. En algunas circunstancias, como por ejemplo determinadas afecciones o preocupaciones médicas sobre la ubicación del tumor, se puede realizar una biopsia en lugar de una cirugía. El tejido obtenido durante la biopsia se usa luego para confirmar el diagnóstico. El diagnóstico se basa en el cambio de estructura celular más visible y la actividad de crecimiento observada en el tejido, incluso si las características se encuentran únicamente en unas pocas células.
El mapeo del cerebro y las áreas funcionales ayudan al neurocirujano a determinar dónde se encuentran las áreas vitales del cerebro y así evitarlas durante la cirugía. El cirujano puede usar equipo computarizado estereostática, técnicas guiadas por imagen o Resonancia Magnética intraoperatorias como instrumentos de navegación, algo muy parecido a un sistema GPS. Estas herramientas ayudan a guiar el acceso del neurocirujano a algunas áreas difíciles o profundas en el cerebro. Se pueden usar distintos láseres durante la cirugía para vaporizar células tumorales. Los aspiradores ultrasónicos son instrumentos que pueden dividir y succionar el tumor. Los microscopios de alta potencia ayudan al neurocirujano a ver mejor el tumor.
Debido a que las células de un astrocitoma, similares a tentáculos, crecen dentro del tejido circundante, estos tumores no se pueden extirpar en su totalidad. No obstante, la cirugía es útil ya que la extirpación parcial puede ayudar a disminuir los síntomas y el tejido obtenido durante la cirugía confirma el tipo de tumor. Luego se usa radiación, quimioterapia o bioterapia para tratar el tumor remanente.

RADIACIÓN
En los adultos, generalmente se administra radioterapia luego de una biopsia o cirugía. Hay diferentes tipos de radiación que se pueden administrar usando diversas dosis y programas. La radiación de haz externo fraccionado convencional es la radiación “estándar” que se administra cinco días a la semana durante cinco o seis semanas.

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