Hablemos de la inteligencia artificial (IA)

Roger Heli Díaz Guillén
Chiapa de Corzo, Chiapas
Y cómo limita nuestro razonamiento lógico y crítico

Hoy, mucho se habla de la inteligencia artificial (IA), con diversos ejemplos y expresiones que nos llevan a un mundo ayer inimaginable; haciendo de alguna forma fácil, accesible y con menos esfuerzo la vida diaria de los seres humanos, limitando en consecuencia la capacidad reflexiva y asertiva; donde primeramente observamos lo que destaca Beltrand Russell respecto a las limitaciones a las que el ser humano en la vida familiar está expuesto, naciendo con la capacidad de interrogación que expresa siendo niño sobre lo que lo rodea, dando como padres y familiares las respuestas más accesibles. El problema inicia en la adolescencia, cuando esa capacidad de interrogación se trunca, ya que las respuestas comunes son: “¡ya deja de preguntar, mejor pregúntale a tu maestro o maestra!”; o bien, a sus preguntas ya no tenemos respuestas idóneas basadas en saberes, pues sus interrogaciones nos rebasan.
El mundo digital de los últimos 30 años ha transformado nuestros modos de pensar y comunicarnos, modificando formas de vida que atentan contra el pensamiento en la educación y la cultura, sustituyendo las pantallas digitales a los libros y la IA crea literatura accesible y ligera. Hoy, los saberes son procesales y técnicos basados en algoritmos digitales, no de razonamientos, cuestionamientos e interpretación, que hacen viva la existencia humana.
Juan Villoro es un referente cuando tocamos temas de IA y su impacto en la vida humana, siendo un aporte importante las reflexiones en su libro “No Soy un Robot. La lectura y la sociedad digital”, donde muestra cómo las letras, escritura y lectura, son la contraparte de la adicción a las pantallas. Un acto de resistencia -como lo cita- denunciando que “somos la primera generación que tenemos que demostrar que aún somos humanos. Y lo paradójico es que se lo demostramos a una máquina, que es quien nos acredita como todavía humanos”. Por ejemplo, cuando podemos operar un sistema informático y generamos productos a partir de la aplicación de algoritmos digitales.
Lo preocupante es su conclusión: “Nos estamos volviendo más tontos por la sencilla razón de que muchas de nuestras tareas mentales ahora son hechas por los aparatos”; empezando con la calculadora. Recomienda que “la lectura nos va a librar de convertirnos en robots”. Advierte que el teléfono digital es un vampiro que seduce, te extrae tus datos personales, tu forma de vida y pensamiento. Hoy, sin lugar a dudas podemos distinguir en la vida pública a robots creados por la IA y robots humanos con contenido operativo mental limitado y conductas mecanizas sin razonamientos lógicos.
El internet se desarrolló en los noventa del siglo pasado y paradójicamente, a partir de esta fecha empezó a disminuir el coeficiente intelectual de la población, con una disminución del dos por ciento en esa década, según estudios realizados por James Robert Flynn; porque como lo destaca Juan Villoro, muchas de nuestras tareas mentales ahora son hechas por los aparatos, como las agendas electrónicas; cada vez nos esforzamos menos por retener datos; estamos perdiendo la memoria. Hoy, tanta información nos impide y limita pensar. Obtenemos lo que nos interesa, no lo que necesariamente nos hace cultos. Repensemos la conducta humana.
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