La crónica hablará por Chiapas

Muertos, panteones, futuros difuntos y otras historias

Marco A. Orozco Zuarth. [email protected]

Concluimos esta crónica de:
Bernardo Meneses Curling

(Segunda y última entrega)
Sin embargo, ninguno de los últimos presidentes y ayuntamientos municipales, han dado muestras de tener previsto otro espacio para construir un nuevo panteón, en donde los tapachultecos que en adelante pasen a formar parte de los difuntos, encuentren un refugio para su descanso definitivo de manera digna, no hacinada, no encimados unos con otros, como lastimosamente ocurre hoy en el Panteón Municipal y también ya empieza a verse en el Panteón Jardín.
Entre los largos, muy largos surcos de los esplendorosos cultivos de té limón y citronela, que tenían como destino el mercado y la industria nacionales o la exportación, muchos niños y adolescentes que llegaban desde la cercana ciudad podían transitar en bicicleta, fácil y tranquilamente o a toda velocidad, como algunos de mis compañeros de la secundaria y yo.
Unos 20 años después, en la decena de los años setentas, los grandes terrenos de la “telimonera”, en alguna forma propiciada por el gobernador neurólogo Manuel Velasco Suárez, pasaron a manos del presidente de la República, Luis Echeverría, quien al concluir su mandato los entregó para su custodia y, después, aparentemente como “pago de servicios” al “comandante Yanes”, quien se había desempeñado como jefe de su guardia personal.
Este “comandante Yanes”, pelirrojo, con porte y expresión recios, de agente y jefe policial, había trabajado como policía federal durante el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz, en la Secretaría de Gobernación, que encabezó precisamente Luis Echeverría.
Entonces ocurrió el Movimiento Estudiantil de 1968. Y en las inmediaciones de algunos mítines estudiantiles a los que asistía como joven reportero, quien escribe pudo observar al que después identificaría como el “comandante Yanes”.
Este acostumbraba vestir una gabardina de color beige. Después se le señalaría como el jefe del “grupo del guante blanco”, que previamente se instaló en pisos estratégicos del Edificio Chihuahua de Tlatelolco y desde allí inició los disparos, la masacre, la matanza, contra los estudiantes que acudieron al mitin del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas.
Durante su ulterior retiro y refugio en Tapachula, se dice que Yanes fraccionó la antigua “Telimonera”. Así se originó el que se llamaría Fraccionamiento Laureles.
Ya difunto, Gamaliel Becerra yace en el Panteón Jardín, al que la gente, después de siete décadas, sigue llamando “panteón nuevo”. Descansa cobijado por una sencilla estructura techada, con columnas delgadas, abierta al viento. Allí, alguna vez habrá de recibir de los tapachultecos el reconocimiento que merece.
Octubre 27, 2020.

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