• Las diputadas María Isabel Rodríguez Jiménez y Sahara Munira José Flores, no han dicho nada, particularmente desde que asumieron el cargo en el Congreso estatal
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Mientras las cifras de muertes violentas de mujeres aumentan en Chiapas, dos comisiones legislativas han destacado por su ausencia: la de Atención a la Mujer y la Niñez, y la de Seguimiento a las acciones de Procuración de Justicia Vinculadas a los Feminicidios.
Nada han dicho las titulares de estas comisiones en la 69 Legislatura local sobre los casos que se han reportado, y de los que tanto los ciudadanos como los familiares exigen investigaciones a fondo para castigar a los responsables
Aparentemente, están ocupando esa curul desde una realidad alterna, muy distinta a la que ocurre en Chiapas.
Ningún pronunciamiento, ninguna exigencia desde la tribuna han merecido los casos de Lanny, una mujer de 39 años encontrada muestra en una cisterna, en la colonia Chiapas Solidario, el de la pequeña Lupita, asesinada en el barrio Colón, o Lucía, la elemento de seguridad muerta durante el atraco a las oficinas de la CFE, en el barrio el Magueyito.
Muertes que se suman a una veintena más de casos violentos, que terminaron con las vidas de mujeres jóvenes en circunstancias poco claras, y que dejan a hijos, hijas y familias deshechas.
Casos en los que María Isabel Rodríguez Jiménez, presidenta de la comisión de Atención a la Mujer y la Niñez, y Sahara Munira José Flores, quien encabeza la Comisión de Seguimiento a las acciones de Procuración de Justicia Vinculadas a los Feminicidios en Chiapas, no han dicho nada, particularmente desde que asumieron el cargo en el Congreso estatal.
Lo anterior abona al malestar entre las familias de las víctimas, que no encuentran eco en los representantes populares, para que la justicia que reclaman llegue pronto, y con ello, acciones contundentes que prevengan nuevos asesinatos.
A unos días de que se conmemore el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, y que se recurra al uso de colores y discursos, en los hechos, el color anaranjado no puede ocultar el rojo de la sangre que se está derramando cada mes, ni las poses fotográficas ocultar una realidad por la que miles están reclamando hoy con lágrimas.










