Retornar la paz en seis meses, el compromiso asumido por Eduardo Ramírez Aguilar
Apenas el domingo el gobernador elector, Eduardo Ramírez Aguilar, dio a conocer a quienes integrarán su gabinete de seguridad, y ya las voces discordantes empezaron a crear sus novelas para desacreditar la honorabilidad de algunos de los personajes que le acompañarán en esta dura tarea de que la paz y la tranquilidad regresen a tierras chiapanecas.
Qué importa que vengan de otra entidad alguno de los personajes que tienen la tarea de su vida o bien que les haya sido recomendado por determinada persona que esté encumbrado en la política nacional.
De lo que se trata no es darles chamba a los amigos o acatar recomendaciones para ponerlos en el gabinete. Esto es algo que requiere seriedad, pero, sobre todo, resultados. La encomienda que tomará Eduardo Ramírez Aguilar desde el próximo domingo 8 de diciembre será de las más esperadas por la sociedad chiapaneca.
Lo que vive el país, y principalmente Chiapas no es un juego, por ello antes de empezar a crear escenarios ficticios, fuera de la realidad, primero hay que darle el voto de confianza para los hombres y mujeres que se han comprometido a “agarrar el toro por los cuernos”.
De ahí que suene más que esperanzador lo que el electo dijo ante la centena de periodistas que atestiguaron el anuncio de los nuevos funcionarios en el rubro de seguridad, cuando aseguró que tendrá resultados en los primeros 100 días de gobierno, y lo más halagador: que en seis meses Chiapas debe estar en paz, sin la amenaza de los grupos delincuenciales que han hecho escarnio del dolor humano.
Ramírez Aguilar no se anda por las ramas. Asegura que tiene toda la autoridad moral que le dio el pueblo de Chiapas en las urnas para encabezar una tarea titánica que se reduzca en una paz inmediata para las familias chiapanecas.
Este anuncio hay que tomarlo de quien viene, es decir, seis meses es un tiempo perentorio para que se acabe la amenaza que “circula en el ambiente popular”. No más violencia es por lo que se pide tanto en los escenarios políticos, judiciales como en los templos donde la ciudadanía expresa su deseo de que cesen el sonido de las balas.
Dentro de cinco días se conocerá con detalles la estrategia de seguridad que dará a conocer Ramírez Aguilar cuando tome posesión del cargo, aunque ha sido claro que desde el primer minuto que supo de su triunfo en las urnas, se abocó a preparar su plan de trabajo con el que espera que la tranquilidad sea lo que nos distinga.
Es tanta la confianza que ha mostrado el mandatario electo, y de la que ya el pueblo chiapaneco espera que se haga realidad, que ha dicho que si el equipo recién nombrado falla, el que habrá decepcionado a su gente será él como titular del Ejecutivo y principal responsable de no poder regresar la paz a los hogares chiapanecos.
Además, de suma relevancia es que el propio gobernador haya dicho a los chiapanecos que no tiene ninguna relación con algún grupo delincuencial, lo que da mucho más valor a su estrategia, y, además, ataja la rumorología sin sentido que le quiera engrosar quienes quieren y añoran que a Chiapas le vaya mal.
En lo que si habrá que tener cuidado es la petición que le formuló al nuevo fiscal general de justicia, Jorge Luis Llaven Abarca, de que analice la posibilidad de mandar al Congreso del Estado, una iniciativa donde se castigue a toda aquella persona que les falte el respeto a los elementos policiacos, a los cuales, dijo, les aumentará el sueldo a partir del mes de enero.
Sin duda que son dos grandes medidas, pero también habría que tener en cuenta que el empoderamiento de los agentes policiacos puede ser contraproducente en el sentido de que, si de por sí existen denuncias porque muchos de ellos son prepotentes y abusivos, pueden utilizar su poder para la arbitrariedad.
Por ello es importante poner candados a su desempeño, que se ajuste al respeto irrestricto de los derechos humanos de la población. Estamos de acuerdo que considere que “un policía tendrá dignidad y serán garantes de respeto al pueblo de Chiapas», pues de lo contrario, el que saldrá perdiendo será el ciudadano.










