Marco Antonio Orozco Zuarth
Ciudad de México
Diana Irene, artesana del amor y de la palabra, nos entrega Y por tu sed nací, un poemario que transita como un río nocturno, fluyendo entre sueños y sentimientos que dormían latentes. Es un mundo diverso el que nos ofrece, semejante a la noche que moja los pies con sus gotas, despertando las emociones en espera de brotar. Cada verso de Diana es un mapa íntimo que invita a explorar los territorios del deseo, la nostalgia y el dolor.
Mujer de canto silente, Diana Irene comprende que el amor no sigue los dictados del reloj ni las estaciones del calendario. En su universo poético, escribir no es solo un acto creativo, sino una íntima copulación con las palabras, donde cada poema emerge con la fuerza de una verdad insoslayable, dejando al lector atrapado en su erotismo literario.
Con la intensidad con que la luna vigila la noche, Diana escribe en complicidad con ella, susurrando que “No siempre se florece en primavera”. No hay tiempos fijos para expresar la nostalgia, la alegría o el dolor; no hay calendario que contenga la pasión o la tristeza. Para la poeta, el tiempo es una dimensión que se mide en emociones, no en minutos. En este poemario, el sentir dicta el ritmo y el ejercicio de la palabra se transforma en un oficio sagrado que desafía la inmediatez del mundo.
Felicidades, Diana Irene, por este encuentro profundo con el yo interno que nos regala la belleza de Y por tu sed nací. Este poemario no solo ofrece poesía, sino un diálogo intenso con los sentidos, donde cada verso se transforma en un puente hacia la verdad de quien lo escribe.
Un reconocimiento especial al artista plástico Roberto Rodríguez Coutiño por la creación de la portada, que dialoga visualmente con la riqueza del texto; a Francisco Vázquez Constantino, quien aportó su dedicación en la transcripción de los textos; y a Luis R. Gordillo, Alfredo Gómez Hernández y Humberto Quintanar Cinco, por su atinada presentación de la obra. Finalmente, un aplauso a Tanya Cosío, directora de la Editorial Primero Sueño, cuya magnífica labor editorial en Guadalajara, Jalisco, permitió que esta joya poética llegara a nuestras manos.










