Krzysztof Sliwa / Atlántico, Barranquilla, Colombia
(Primera de dos entregas)
El benemérito historiador malagueño Juan Luis Sánchez Martín, padre de la genealogía de los victoriosos Tercios españoles (1534-1704), que hicieron brillar The Royal Crown of Spain de Friedensfürst, redescubrió el documento del padre de «el Divino» y halló las nuevas perlas documentales aldanianas que corrigen la biografía del Maestre de campo del rey Sebastián I de Portugal (1554-1578), Francisco de Aldana (ca. 1537-1578), y legitiman definidamente que el «Amabile Confuso» no era hijo del capitán de infantería y alcaide de Manfredonia, Antonio Villela de Aldana (ca. 1505-1561), natural de Alcántara, como lo puso erróneamente en circulación el profesor estadounidense Elías L. Rivers.
Pese a su crassus errare, Rivers no solo secundó el error garrafal de su amigo Antonio Rodríguez-Moñino y Rodríguez, sino también consideró su artículo: «Francisco de Aldana (1537-1578)», «el único estudio biográfico sobre Francisco de Aldana que vale la pena consultar». Ambos continuadores de dicho error estaban convencidos que nadie podría rebatírselo con nuevos datos, aunque el conocimiento personal de Rivers de la fuente del Archivio Mediceo del Principato hablaba de la naturaleza del padre de Francisco que el académico estadounidense descartó inexplicablemente, respaldando la tesis de Rodríguez-Moñino y Rodríguez.
Mejor aún, ningún biógrafo ni experto sobre las hazañas heroicas de Francisco no solo no indagó con mucha escrupulosidad el mencionado yerro, sino tampoco lo puso en tela de juicio con toda seriedad a pesar de la documentación legal, la que Rivers al examinar, echó en saco roto sin ninguna justificación razonable, como lo verifican los estudios. Buen ejemplo de ello es la afirmación del profesor Adalid Nievas Rojas, quien asegura que «desde la publicación en 1953 del formidable estudio de Elías L. Rivers, Francisco de Aldana, el divino capitán, base de la práctica totalidad de la investigación posterior, muy poco ha podido añadirse a la escasa documentación conocida sobre la vida del autor de la Carta a Arias Montano».
En contestación a la «revolucionaria» declaración errónea de Rivers, que sigue estimada con todo vigor como la gran maravilla al presente, en una palabra: un gran traspié para la Historia de España, unos estudiosos la enaltecen, y otros sin ninguna conexión documental al árbol genealógico de la familia Aldana, oriunda de Guadalcanal, Extremadura, hicieron borrón y cuenta nueva. Éstos continúan especulando que Francisco era natural de Alcántara, Valencia de Alcántara o Nápoles, sin brindar ni un documento digno de crédito y a la vez narran que Francisco era hijo del Maestre de campo del Tercio de Hungría, formado a partir del Tercio Viejo de Nápoles que servía en Alemania (1546-1548), Bernardo Villela de Aldana (1510-1560), de Alcántara, a quien Rivers, miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española, llamó «el tío de Francisco».
Sin embargo, el documento redescubierto por el excelente investigador Sánchez Martín comprueba indiscutiblemente que el padre de Francisco, sargento mayor de la infantería española y participante junto a Cervantes en la expedición de Navarino (Pylos), el 7 de octubre de 1572, fue «el capitán Antonio de Aldana, di Guadalcanale di Estremadura di Spagna. Succede al [Juan] Ladrón come Castellano della fortezza di Livorno, nov. di 1546; di S. Miniato… 1554». De aquí se colige que el auténtico lugar de nacimiento del capitán Antonio de Aldana (Guadalcanal, ca. 1500/1505- Florencia, 1570), esposo de la siciliana María Salomé de Coccolà (o Cocciola, Cocchiola), dama de honor de la Duquesa Consorte de Florencia y Siena, Leonor de Álvarez Toledo y Pimentel-Osorio (1522-1562), fue la villa de Guadalcanal, Extremadura, y no Alcántara, Extremadura.
Ahora bien, confirmo que todas estas meditaciones se asocian con que quid de la cuestión que es: ¿cuáles son los motivos de la repetición de los errores, a título de ejemplo, de los biógrafos aldanescos, cervantinos y lopescos, a pesar de la documentación preservada? Creo que uno de ellos es la carencia de la indagación archivística, vigorosa y virtuosa que resulta de la falta de una investigación documental, cualitativa y ejemplar, que es un verdadero diamante de amor a la Historia de España, cuya realización debería llevarse a cabo en el archivo, y que debería reivindicar, example gratia, la honestidad intelectual del erudito.
Aún, detallo que Miguel de Cervantes Saavedra, compañero de armas de Francisco en Italia, no solo era muy buen amigo suyo lo que divulgo en mi Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, que contiene más de 717 nuevos documentos cervantinos y que será dada a la estampa en 2020, sino también el genio de la literatura española le llamó a Francisco: «el celebrado Aldana», y «divino»: «yten, que todo buen poeta, aunque no aya compuesto poema eroyco, ni sacado al teatro del mundo obras grandes, con qualesquiera, aunque sean pocas, pueda alcançar renombre de divino, como le alcançaron Garcilaso de la Vega, Francisco de Figueroa, el capitán Francisco de Aldana y Hernando de Herrera».
Igualmente, el novelista impar alabó el vino de Guadalcanal servido durante la merienda de La Gananciosa en su famosa novela Rinconete y Cortadillo de este modo: «y, aplicándosele a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo:
“-De Guadalcanal es, y aun tiene un es no es de yeso el señorico. Dios te consuele, hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado.
-No hará, madre -respondió Monipodio-, porque es trasañejo.
-Así lo espero yo en la Virgen-respondió la vieja”».
Continuará…










