Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas

Zinacantán, Chiapas. 1965.
Dramaturga en lengua tzotzil. Hizo los estudios primarios y secundarios en su pueblo natal y comenzó el bachillerato en San Cristóbal de Las Casas. Entre 1989 y 1992 estudió teatro en San Jtz’ibajom con Francisco Álvarez y Ralph Líe e hizo cursos de producción radiofónica. Becaria del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 2002. De 1992 a 1994 promovió la lectura en lengua tzotzil en bibliotecas de escuelas rurales.
Algunas de sus obras dramáticas han sido representadas en Australia, Canadá, Estados Unidos, México y diversos países de Latinoamérica.
“Por circunstancias del destino me invitan a participar en un proyecto de MEXFAM en 1989, como actriz de teatro indígena en SNA JTS’IBAJOM, (Casa del escritor). Después, en 1991, soy invitada a Toronto Canadá a un encuentro de escritoras dramaturgas, entonces ahí es cuando comienza mi carrera literaria y de actriz indígena.
Como creadora busco llevar por medio de la literatura y en las artes escénicas, mensajes de paz, sanación, amor, educación, unión familiar y empoderamiento de las mujeres en general; por eso escribo para mi sanación propia, me ha servido como terapia personal. También me ha servido como un método para la sanación de otras personas y así mismo también ha sido una vía para dar a conocer nuestras historias, nuestra vida cotidiana, nuestro pensar y nuestra intelectualidad.
La literatura es como un árbol que cada estación transforma sus hojas, florece y al final da frutos. Entonces, así como es el árbol, así somos los escritores, que cada día, cada poco tiempo, florecemos con nuevas palabras y pensamientos y damos nuevos frutos, porque el arte es parte fundamental de nuestras raíces ancestrales, para darnos a conocer los pueblos originarios, de los que amamos y somos parte. Sabemos que es muy importante hacer y escribir literatura, pero para los que no aman y no son parte de ella, no saben lo valiosa e importante que es, por eso siento que hay poco apoyo financiero.
Porque la cultura -el arte y la literatura- es un don que traemos desde que llegamos a esta tierra, por eso lo amamos y lo vivimos, lo disfrutamos; el descubrimiento es de uno mismo, la escuela ya es un complemento para nuestra preparación, quienes tienen el privilegio de asistir.
Quisiera que me recordaran como una mujer fuerte, alegre, amorosa, luchadora y con una gran sonrisa; y que no olviden a los escritores y actores en el arte, que fueron parte fundamental en la literatura, el arte y pioneros de los pueblos originarios”.
Su obra Una mujer desesperada fue publicada en inglés (A Desperate Woman) como parte de la antología Holy Terrors: Latin American Women Perform (Duke University Press, 2003) y la obra Madre olvidada se incluye en la compilación de textos dramáticos: La risa olvidada de la madre. Diez años de la fortaleza de la mujer maya (Ediciones La Burbuja, 2005).
Entre sus obras dramáticas se encuentran: Dulces y amargos sueños, Infierno y esperanza, Desprecio paternal, La monja bruja, Soledad y esperanza. En 2019, el Congreso del Estado de Chiapas le otorgó la Medalla Rosario Castellanos por su aportación literaria y teatral, a favor de las luchas de los pueblos originarios y la defensa de los derechos de las mujeres y los niños.
La también poeta, brilla con luz propia desde el corazón de su creatividad y vuela desde su propio cielo.

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