Cambio climático y
el agro mexicano:
desafíos alimentarios

M de R / Diario de Chiapas
El cambio climático es una realidad en el presente y muy posiblemente empeore antes de estabilizarse y mejorar. Sus impactos en nuestro planeta son muchos: derretimiento de hielos perpetuos, aumento de tormentas de rayos, de huracanes y de sequías, por mencionar algunos. Las consecuencias para los ecosistemas y los seres humanos ya se están viviendo, por lo que desarrollar mecanismos de adaptación y mitigación es una prioridad en la investigación y la toma de decisiones.
Uno de los sectores más impactados por el cambio climático es la producción de alimentos, ya que depende de un clima predecible para poder cultivar de manera cíclica y mantener al ganado. Las alteraciones globales a la temperatura y a la precipitación han tenido como resultado una pérdida en la producción de alimentos y con ello ha aumentado la inseguridad alimentaria a diferentes escalas.
La producción de alimentos en México es particularmente sensible al clima, y, por lo tanto, al cambio climático. Más de la mitad del área del país está destinada a la producción de alimentos en formas de manejo dependientes de una precipitación recurrente en tiempo y forma (por ejemplo, agricultura de temporal o pasturas). En consecuencia, los medios de subsistencia de al menos 6 millones de habitantes del país, aunque posiblemente de hasta 20 millones están íntimamente ligados al clima. A raíz de lo anterior, el estudio de este continuo clima-alimentos-sociedad es fundamental para la correcta guía de las políticas públicas de adaptación y mitigación frente al cambio climático.

¿QUÉ SABEMOS DE LOS IMPACTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS EN MÉXICO?
El cambio climático está afectando a los cultivos en México. En una investigación reciente, revisamos todos los artículos científicos que pudimos encontrar sobre la relación entre el cambio climático y la producción agraria mexicana. Obtuvimos 96 resultados, a toda clase de escalas temporales y espaciales (municipal, estatal y nacional). Con ello nos dimos cuenta de que hay poca diversidad de los cultivos analizados. Por ejemplo, más de la mitad de los estudios se enfocan en el maíz (37%) y el café (37%); además, gran parte de los estudios son estatales (60%), en los que sobresalen los estados de Veracruz (18%), Puebla (13%), Michoacán (10%), y Jalisco (8%).
Pese a dichas limitantes, nos percatamos de que existe una concurrencia entre los resultados. Los estudios para el maíz muestran un decremento en la producción de temporal de hasta 10% a nivel nacional, con disminuciones regionales de hasta 80% 84 o 42.6%. Hay autores que sugieren que estas disminuciones se darán por el aumento en la temperatura, mientras que otros estudios lo atribuyen en su mayoría a la disponibilidad de agua y a la duración de la temporada de secas, principalmente en el noreste y sur del país. En el caso del café se muestran impactos con disminuciones de 42.5% y 23.4% para el café de riego y de temporal, respectivamente. Para el trigo se proyectan decrementos de hasta 23.3% para temporal y 20.0% para riego hacia 2050. Y, debido a mayores temperaturas y reducciones en precipitación, el frijol podría tener decrementos de 10% a 40%.
En otras palabras, sabemos que el cambio climático está impactando e impactará el rendimiento y la producción de los cultivos en México, con un mayor efecto en la producción de temporal. No obstante, la muestra de cultivos con la que contamos es aún limitada y hacen falta muchas más investigaciones en otros alimentos. ¿Qué pasará con la cebada, el aguacate, el jitomate, las bayas (fresas, frambuesas, zarzamoras y arándanos), por mencionar algunos? Son preguntas para las que aún no tenemos respuesta. Por supuesto que el impacto no se restringe a la agricultura, la ganadería también se ha visto fuertemente afectada, sobre todo por las intensas sequías que han asolado al país recientemente, otro tema del que hay pocos estudios.
VARIABILIDAD CLIMÁTICA Y ABANDONO DEL CAMPO
Los impactos de la baja en la producción de cultivos no son sólo económicos; también generan una reestructuración en la población y en sus actividades diarias. En nuestra investigación hemos visto que uno de los principales impactos de la falta de precipitaciones es la disminución inmediata de la ocupación en el campo mexicano; en particular, para las personas dedicadas a la ganadería y la agricultura de temporal. Por ejemplo, durante las sequías de 1982 y 1987 la población ocupada en la ganadería se redujo en un 20 y 15%, respectivamente, y en la agricultura de temporal hubo un éxodo de 9 y 12% registrado en el año siguiente a las sequías
Además, las decisiones sobre la ocupación agraria están determinadas por la cantidad de agua. Años con altas precipitaciones aumentan el cambio interno en la actividad agrícola a consecuencia de la búsqueda de maximización de ingresos; por ejemplo, le decisión de sembrar alfalfa en lugar de maíz, o dedicarse a criar vacas en lugar de la milpa. Mientras que años secos disminuyen la cantidad de gente que entra al agro y favorecen el mantenimiento de las mismas actividades (en particular de formas de manejo menos propensas a sufrir pérdidas).
De esta manera, clima y producción se ligan con calidad de vida, ingreso y decisiones en el medio rural. Lógicamente, las decisiones se vuelven más críticas y difíciles entre más trascendental sea un evento (por ejemplo, frente a una inundación o una sequía), lo que lleva a una mayor reorganización en el agro mexicano y, en casos extremos, a su abandono.

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