Excélsior
Oswaldo Rojas
Antoine de Saint-Exupéry, reconocido mundialmente como el autor de El Principito, no solo fue un escritor célebre sino también un aviador apasionado. Su desaparición en 1944, durante una misión de reconocimiento en la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo uno de los misterios más intrigantes de la historia contemporánea.
Nacido en Lyon, Francia, el 29 de junio de 1900, Antoine de Saint-Exupéry mostró desde muy joven un interés por los vuelos. Tras unirse al servicio militar, se convirtió en piloto, lo que marcó profundamente su vida y su obra. La aviación, para Saint-Exupéry, era más que un trabajo; era una metáfora de la vida y la exploración del espíritu humano.
A lo largo de su carrera, trabajó como piloto de correo aéreo, transportando correspondencia a lugares lejanos en condiciones peligrosas. Estas experiencias inspiraron gran parte de su obra literaria, incluyendo novelas como Vuelo Nocturno y Tierra de Hombres. Sin embargo, su mayor legado fue El Principito, una obra que escribió durante su exilio en Estados Unidos y que se publicó en 1943.
La desaparición
En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, Saint-Exupéry estaba asignado al Grupo de Reconocimiento 2/33 de las Fuerzas Aéreas Francesas Libres. A pesar de tener 43 años -una edad avanzada para un piloto de combate- y sufrir problemas de salud, insistió en participar en misiones aéreas. Estaba convencido de que podía contribuir a la liberación de Francia.
El 31 de julio de 1944, despegó desde Córcega a bordo de un Lockheed P-38 Lightning. Su misión era recolectar información sobre las posiciones alemanas en el sur de Francia, en preparación para la inminente invasión aliada. Sin embargo, nunca regresó de esa misión.
Su desaparición dejó a Francia y al mundo literario en estado de shock.
El misterio y los
descubrimientos
Durante décadas, su desaparición fue un enigma. No había rastro del avión ni del piloto, lo que dio lugar a especulaciones y teorías conspirativas. Algunas sugerían que había sido derribado por fuerzas enemigas, mientras que otras insinuaban que pudo haber sufrido un accidente o incluso que había cometido suicidio.
El primer indicio significativo surgió en 1998, cuando un pescador encontró una pulsera de plata enredada en sus redes cerca de Marsella. La pulsera llevaba grabados el nombre de Saint-Exupéry, su esposa Consuelo y su editor estadounidense. Este descubrimiento reavivó el interés por resolver el misterio.










