Papel, tinta y verso…

Enrique Flores Amastal. Ciudad de México

CALÍOPE

Anoche recibí una grata visita,
vino Calíope en sueños,
bella, seductora, lucía un vestido
blanco, sin mangas, esplendorosa.

Otro rufián y yo,
nos disputábamos sus favores,
ella en gran pose de diva
con aquella cabellera dorada al aire
dijo con voz grave: me quedo contigo,
aunque me muera de hambre.

Cuando el beso se da a la persona amada
se da, aunque se pierda el alma.

Quise convencerla de lo contrario,
pero verla recostada
con esa belleza que enajena
con ese cuerpo y esos labios,
me dije: bésala y que te cargue
la… tristeza.

Desperté alegre, con mucha energía
tomé pluma y cuaderno, escribí
estas líneas, antes que el olvido
borrara mis
recuerdos… Pero no fue así,
Calíope vive en mis recuerdos
y no me ha cargado la… tristeza.

COMO UNA FIERA

Como una fiera salvaje,
entras y sales de la habitación,
que solo atrapa tu perfume
y lo impregna hasta el último rincón,
que te aguarda silenciosa.

Pero hoy que estás aquí
el espacio se humaniza
adquiere una belleza nunca vista,
porque tu voz y tu cuerpo se bañan
en la fragancia de tu soledad.

Nada es cierto como aquel amanecer
con una luna colgada del azul infinito,
y tu espacio cantando con pasión,
porque tu aroma viste las paredes
y las rocas cantan en un ambiente
que nos puede enloquecer.

Por eso, nada es cierto
como aquel amanecer
con una luna cantando con pasión,
hasta enloquecer.

Enrique Flores Amastal

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