Guillermo Santiago, la botana que ensucia al Poder legislativo

Editorial

Creemos que, a nadie, en su sano juicio, le gustaría que le cuestionen su trabajo, más si este es como representante popular de un estado como Chiapas, donde la labor de los legisladores debe ser seria, profesional, transparente y productiva, en favor de las causas más necesitadas, principalmente.

Pero parece que en Chiapas no equivocamos en la forma de hacer política, de encabezar las causas sociales por el camino de la seriedad y del respeto de valores que deben predominar en un servidor público, sea este de alguna dependencia o de cualquier congreso estatal.

Sin mayores preámbulos, el caso del diputado de dedo, como le llaman a Guillermo Santiago, del partido Morena, es en verdad de pena ajena, pues en lugar de estar preparando iniciativas, aportaciones para tener un Chiapas progresivo, se aboca a andar haciéndole de “influencer” fracasado, donde graba escenarios irrelevantes, tanto que la audiencia se le cuestiona su falta de tacto político para llamar la atención.

Mandar el mensaje de que le lleva refrescos a las fuerzas armadas para saciar la sed es en verdad un caso de una mente deschavetada pues para empezar fomenta los malos hábitos de consumo, ya que en lugar de andar dándole paso a las enfermedades como la diabetes, debería, sí en verdad quisiera ayudar y fomentar los buenos hábitos, llevarles agua de fruta de temporada. Mínimo.

Esta claro que es un exhibicionista, un bueno para nada, aunque en esto último nos equivocamos, pues lo que sí sabe hacer es lucrar, ser protagónico, pero como le dicen en las redes sociales, tiene la piel muy delgada cuando le llegan la andanada de críticas

En serio que es una desgracia la que se sufre en el Congreso de la Unión, con algunos patéticos representantes legislativos como el coleto Santiago, que les da por hacer uso de las redes sociales, pero para decir puras pendejadas y lo peor es que se enoja que lo pongan en su lugar por los internautas que no le dicen bonito, porque hasta eso, su personalidad física no le ayuda.

Por lo visto el diputado es un pobre hombre que debería por empezar a respetar el seno familiar que lo cobija. La andanada de comentarios en su contra en realidad las tiene bien ganados pues solo a una mente infantil, sin ofender a los niños, se le ocurre dar a conocer “la gran noticia” de que le ha salido su primera cana.

Qué seriedad puede haber en una persona que representa a los chiapanecos si su principal virtud como legislador es vanagloriarse de llevar refrescos de cola a regalar, de retratarse como un ayudante de albañilería, y a llorar de impotencia porque le critican sus ridículos posteos.

Con justa razón en su perfil tiene las respuestas concretas a su niñería. Le dicen que primero transparente el dinero que le dan para operar en su Distrito Electoral; de tonto no lo bajan y justifican que lo agreden en las redes sociales porque no publica sus logros en la Cámara Baja simplemente porque no tiene ninguno. 

Le cuestionan por qué no sale a trabajar y que se deje de hacer payasadas, que produzca para no avergonzar a su parentela, la cual seguramente es la más ofendida por la pobreza mental con la que actúa este sujeto que ya en dos periodos legislativos se ha sacado la lotería al obtener una curul que en realidad no se merece.

Lo llaman un personaje mamón, que solo busca reflectores; un zángano, estúpido que ante la crítica a sus cursilerías se anda quejándose en su red social. A Guillermo Santiago lo llaman diputado mediocre que actúa como un niño mimado. Dice, en su defensa, que las palabras importan, y todas y todos tenemos la responsabilidad de construir formas de relacionarnos basadas en el respeto y la dignidad.

Claro que estamos de acuerdo con esta clase mensaje que seguramente copió de un manual de derechos humanos, pero antes de salpicar con su adoctrinamiento propio que ha aprendido de Morena, debe dejarse de andar protagonizando escenarios que destellan pobreza mental.

Asegura que el discurso de odio proviene de comunicadoras, comunicadores o líderes de opinión, y acá también se equivoca. Todo este rosario de linduras que le han dicho en su propia cara no tiene que ver con algún docto del periodismo, si así lo quiere decir, sino de personas comunes y corrientes que lamentan que hombres y mujeres que deberían estar a la altura de las circunstancias, que demanda supuestamente la Cuarta Transformación, se comporten como lo que son, no como unos mequetrefes con poder inflado que más temprano que tarde verán la realidad de su existencia.

Cierto, no es el caso de unos Yunes, a quien lo califican como traidor de la patria, pero ya nos imaginamos que algún diputado avieso de la oposición lo ridiculice en la misma sede Legislativa como un hombre que llora su fracaso de que no tiene muchos links en redes sociales porque su imaginación no le da para más, sólo para que todo mundo se mofe de que ya tiene una cana.

Si quiere que lo respeten, que se comporte, que sea serio, que produzca, que responda a las expectativas que dijo daría Morena en sus candidatos, hoy encumbrados en una curul, pues mientras siga diciendo improperios en las redes sociales, será tratado por igual y vaya que la gente tiene toda la razón para decirle que se ubique y deje de andar perdiendo el tiempo.

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