El templo habla y yo respondo

Hernán León Velasco
Chichén Itzá, Yucatán
Desde estas piedras que sostienen al cielo,
desde esta geometría que desafía al tiempo,
habla la sangre de los mayas.
No son ruinas, son pulsos de la eternidad:
Vestigios de obsidiana y jade,
manos que señalaron el horizonte
y ojos que observaron constelaciones.
Aquí estoy,
en el corazón del mundo antiguo,
siguiendo la danza del jaguar
donde el sol, aprendió a ser la sombra.
Las piedras no callan:
Respiran, hablan en su lengua de siglos,
hacen la música que el viento canta,
un himno que jamás termina.
El templo se yergue,
no como ruina enterrada por la historia,
sino como un grito que se pierde en la selva,
un relámpago de piedra que ilumina la memoria.
Y yo, pequeño ante su grandeza,
respondo al llamado del abismo.
Chichén Itzá no es un lugar,
es una pregunta lanzada al mundo:
¿Quiénes somos
sino sombras pasajeras en su escalinata?
Aquí, los mayas no solo ordenaron la piedra:
Dieron cuerpo al espíritu,
templaron la memoria
como obsidiana al fuego,
y dieron forma al infinito con sus manos.
La selva protege su secreto,
el tiempo resguarda su latido.
Las estelas no se caen,
hablan en silencio
y en su mutismo me descubro.
Aquí, donde la historia se archiva,
los hombres no han desaparecido:
Han sido elevados,
porque aquí el sol lleva un rostro humano
y la noche en sus manos tiene
el corazón intacto de los mayas.
Mi voz, es su voz.
Mis pies, tienen el mismo barro
donde alguna vez anduvieron solos.
Yo soy el viento que lleva su canto,
el agua que se filtra… entre los templos,
la mirada que intenta descifrar
lo que no puede tocarse.
Chichén Itzá me nombra,
me reclama y me dice que nunca olvide:
Que soy el hombre de maíz,
soy palabra que respira en las piedras,
soy el hijo del maya que jamás se ha ido.
Y así permanezco:
no como dueño de esta grandeza,
sino como peregrino de su eternidad.
Frente a mí, la piedra;
dentro de mí, el fuego.
El jaguar descansa bajo mi sombra,
y en sus sueños, me reconoce:
Que yo también soy animal,
hijo de la tierra y hermano del viento.

Hal Saber

20 enero 2025

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