Enrique Flores Amastal. Ciudad de México
DESCONOCIDA
Desconocida pasaste frente a mi
caminabas por la vida, anónima,
sedienta de saber de ti,
para comprender tus ausencias.
Esos juegos banales que cotidianos
suelen ser universales, soñar,
y yo te veía en mis sueños.
ENCUENTRO
Te deseo ¿Por qué no decírtelo?
Tu caminar incita mi imaginación
y tus ropas ocultan mi deseo
tú y tus labios voluptuosos
incrementan mi ansiedad,
las manos ansiosas
dibujan siluetas en el aire.
Los muslos que te soportan
saben de la urgencia que despiertas
disfrazan mi acecho, lo consienten.
La entrega es fugaz,
porque los fuegos se comprenden,
se apagan en espera de otro momento.
ÁNGELES ASEXUADOS
Los ángeles asexuados
incitan placeres mundanos,
son eternos mirones
en su quehacer infinito.
Mientras todos duermen,
mis manos reconstruyen tus muslos
con notas musicales de una sinfonía
los redondean para un nuevo momento.
Nada es eterno, somos mortales
que inventamos nuestra historia,
lo contagiamos, lo vivimos,
ellos, los ángeles, sonríen
alimentan nuestra fantasía.
Al despertar de tu sueño infantil,
te vives deseada, intentas seducir
a un puñado de ángeles,
aun no sabes que son asexuados
te dejas seducir por su belleza,
inútil, inútil fantasía, solo eso: fantasía.
Enrique Flores Amastal










