Su voracidad no tiene límites; ahora resulta que es un promotor del desarrollo forestal
M de R / Diario de Chiapas
La voracidad del expresidente municipal de Tuxtla Gutiérrez no tiene límites; resulta que ahora Carlos Morales Vázquez es un promotor de ¡Desarrollo forestal!
El mismo que pudo, pero no hizo nada para sancionar y pedir el cierre de la empresa Cales y Morteros del Grijalva, responsable de miles de casos de enfermedades respiratorias por la extracción de materiales pétreos en las laderas del Cañón del Sumidero.
Sorprende la posición que le encontraron en la Conafor, ya que sólo ha demostrado ser un promotor de sus intereses, y de emplear la posición en el servicio público para aumentar su riqueza económica.
Prueba de ello fue su paso por la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn), premio de consolación que le dio Manuel Velasco Coello para que dejara de llorar por su derrota frente a Samuel Toledo, en donde se limpió las lágrimas ordenando despidos injustificados, mientras colocaba en puestos clave a sus familiares, como a su sobrino Enrique Morales, quien fue director de Protección Ambiental, o su primo Pablo Morales, con puesto de asesor, o Junior Germán Morales, su sobrino, que fue jefe del Área de Desarrollo de Sistemas.
Para nada su presencia en la Semahn tuvo un impacto en la protección, restauración y conservación de los recursos naturales de Chiapas.
Servil como acostumbra a ser, usó esta posición para su ambición política, mientras la degradación del medio ambiente en Chiapas se aceleró sin que él mostrara una posición firme.
Ahora resulta que es un promotor forestal, como si no se supiera que el tráfico de maderas preciosas, las pocas que quedan en Chiapas, es un jugoso negocio del que poco se habla, y sin duda un botín al que se le puede hincar el diente jugando al activista ambiental.
¿Por qué entonces no promovió antes la creación de áreas naturales para la conservación de flora y fauna?
Tampoco hizo nada para castigar los daños al medio ambiente, ni se pronunció por el cumplimiento de las leyes en la materia.
¿Acaso se le recuerda por iniciar actos jurídicos relacionados con la protección del ecosistema, para denunciar los delitos y lograr una eficaz impartición de justicia?
Carlos Morales, el “ambientalista”, ahora “promotor forestal”, fue parte de un despojo ilegal en el año 2014 junto con el entonces titular de la Profepa, Jorge Constantino Kanter, al apropiarse de más de cuatro mil metros cuadrados de terreno de los fraccionamientos Monte Real y Villa Tizcao, con un valor superior a los 15 millones de pesos, a favor de un amigo suyo dedicado a la construcción.
En esos terrenos se colocaron tuberías de drenaje y agua potable sin los debidos permisos y se derribaron árboles que provocaron graves daños al ambiente.
Más recientemente, al frente del gobierno de Tuxtla su “espíritu” ambientalista lo guió para hacer tratos con Veolia, empresa acusada de contaminación ambiental, con quien negoció impunidad desde la Semahn a cambio de beneficios económicos.
Secretaría desde la cual pudo embolsarse 50 millones de pesos en la construcción de tres rellenos sanitarios que se realizaron al margen de la ley y cuyo permiso de operación pasó por sus manos.
Lo peor del asunto es que al no vigilar la normatividad en la construcción de esos rellenos sanitarios, ahora hay ríos contaminados y la generación de gas metano y otras sustancias tóxicas que han puesto en riesgo la salud de los habitantes de esas localidades.
Así se las gasta este ambientalista, que sólo protege y promueve lo que le deja dinero. De códigos morales mejor ni hablar, si es capaz de traicionar hasta a su propia familia.










