Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 14 de febrero de 1945…
José Natarén / Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Hoy celebramos los 80 años del humanista, académico e investigador Andrés Fábregas Puig (1945). Ha sido Presidente Fundador del Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales de México, A.C. (1974). Fundador del CIESAS del Sureste (1985). Director General del Instituto Chiapaneco de Cultura (1988 a 1995). Rector Fundador de la UNICACH (1996-1998). Rector Fundador de la UNICH (2004-2011). Reconocido con el Premio Chiapas 2015. Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (2022) y Medalla Joaquín Miguel Gutiérrez (2022). Compartimos parte de la entrevista de uno de los máximos intelectuales que Chiapas ha dado a la América Latina.
JN: Bien sabemos que es un hombre orgullosamente chipaneco con mucho arraigo, lo ha mencionado muchas veces. ¿Qué imágenes recupera de aquellos años 40, 50?
A.F: Recupero sobre todo una niñez en libertad. En esa Tuxtla Gutiérrez de los años 50 podíamos jugar en las calles sin ningún problema. Recuerdo con mucha añoranza que las clases sociales se diluían. No importaba de qué estrato vinieras. También tengo un recuerdo muy agradable de mis profesores y de las escuelas, que eran realmente espléndidas; leíamos mucho, aun siendo niños.
Además, teníamos mucho apego al entorno geográfico. Nos encantaba ir a Las Lajas, a La Cueva de Nana Chepa. Subíamos al Mactumatzá, íbamos mucho al Chorreadero. Es decir, tuvimos una niñez realmente libre y sin temores. Todos nos conocíamos y todos nos protegíamos.
J.N: ¿Cómo era la convivencia, por ejemplo, entre los mestizos, como en el caso suyo, que ya es plenamente tuxtleco, chiapaneco, mexicano y la comunidad zoque?
A.F: Muy importante pregunta, yo me atrevería a decir que fuimos una generación criada por los zoques; no solamente nosotros, sino varias generaciones anteriores. Es decir, estuvo siempre presente el pueblo zoque en nuestra niñez. Es decir, teníamos nanas que eran zoques y escuchamos el idioma desde pequeños. Era completamente natural para nosotros ver a los zoques. En ese momento, decir “indio” no significaba un insulto.
Recuerdo que incluso hace poco conocí una foto de mi madrina Beatriz Maza, gran bailarina chiapaneca, en la que aparece con sus nanas zoques. Yo siempre hablo de mis nanas zoques, de Flora y Clara Aguilar, a quienes siempre quise muchísimo. Cuando ellas murieron, realmente me invadió la tristeza. No exagero si digo que los zoques nos criaron.
J.N: Desde su óptica como académico y por haber vivido esta crianza, ¿cuál sería la manera más adecuada de promover y difundir la cultura zoque? ¿Cuál es también la importancia de esta cultura en el contexto de las otras etnias? ¿Es una cultura madre?
A.F: Sí, los zoques son una parte de los olmecas y eso es importantísimo, porque todos los arqueólogos, hasta ahora, reconocen que los olmecas son lo que ellos llaman la cultura madre. O sea, los Olmecas son, digamos, el primer pueblo que construye una identidad asociada al arte y asociada también a sistemas políticos complejos. Y los zoques son los Olmecas. Lo sabemos por los estudios lingüísticos que se han hecho y por los restos arqueológicos. En donde hay Olmecas es donde hay zoques, es decir, la etnografía contemporánea también nos va enseñando eso. La mejor manera de conocer a los zoques, es que su historia se enseñara desde la primaria.










