Mtra. María Elena Orantes
Hace 58 años México quedó registrado en los fastos de la historia de la paz porque fue artífice de la firma del Tratado de Tlatelolco que, por primera vez en la historia de la humanidad, una región, América Latina, se convirtió en una zona libre de armas nucleares. Este Tratado fue la respuesta por la crisis de los misiles, el episodio más álgido de la Guerra Fría que consistió en que la Unión Soviética emplazó misiles balísticos en Cuba para presionar a que Estados Unidos retirara los suyos de Turquía. Aunque por la misma naturaleza del tema los esfuerzos sobre el desarme se centran en cuestiones estratégicas, es importante también considerar a la mujer en este debate.
¿Qué tiene que ver el desarme nuclear con las mujeres? Mucho, aunque abordaré solamente tres puntos que están vinculados los unos con los otros: primero, mujeres como víctimas; segundo, ausencia de mujeres en la diplomacia multilateral; y tercero, mujeres como agentes de cambio. El desarme nuclear debe ser un debate integral, si bien se enfoca en evitar la proliferación, debe reconocer que las mujeres enfrentan consecuencias desproporcionadas a los hombres.
En ese sentido, los casos de Hiroshima y Nagasaki junto con el desastre nuclear de Chernóbil han demostrado que las mujeres que han sido expuestas a la radiación son más propensas a desarrollar cáncer -principalmente de tiroides- que los hombres. Sin olvidar que las mujeres embarazadas pueden dar a luz a mortinatos, niños con malformaciones físicas y existe una alta probabilidad de mortalidad materna, de acuerdo con International Campaign to Abolish Nuclear Weapons (ICAN).
Sobre el segundo punto, es importante reconocer que a pesar de los esfuerzos como la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU que incentiva la participación de las mujeres en la diplomacia multilateral, la presencia femenina en este campo es insuficiente. El Council on Foreign Relations estimó que en 2022 tan solo el 16% de los negociadores de paz fueron mujeres.
Por último, las mujeres no son pasivas, sino agentes de cambio que robustecen la arquitectura de los acuerdos de paz y saben negociar. Está comprobado que su participación aumenta en un 35% la probabilidad de que un acuerdo de paz dure al menos 15 años y, sobre todo, se incrementa la probabilidad de que una negociación tenga como resultado un acuerdo, según el International Peace Institute (IPI).
Cónsul general de México en Houston, empresaria mexicana y presidenta internacional de 50+1*










