Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas
Desde pequeñas, a las mujeres se les enseña a ser atractivas, partiendo de la idea generalizada de que poseen un cuerpo imperfecto que necesita ser arreglado. Este es el principal mandato de género sobre el cuerpo de las mujeres, que se interioriza hasta tal punto, que en diversas ocasiones resultan agotadores los intentos -muchos de ellos frustrados- al tratar de cumplir las exigencias de la belleza patriarcal.
Sin generalizar, se puede decir que diversas mujeres valoran negativamente su cuerpo y sus características físicas, lo que genera gran malestar en sí mismas. Por esa razón se tiende a tener una autoestima no sana, por lo que los cuerpos de estas terminan siendo un elemento central en la vida de cada una. Por esa razón, dedican gran parte del tiempo a intentar suplir esa insatisfacción corporal; pero en vez de hacerlo trabajando sobre la visión que se tiene del autoconcepto, se ejecuta maltratando al propio cuerpo con multitud de procedimientos químicos, dietas insanas, intervenciones quirúrgicas, etc., que afectan a la salud física e integral.
Ahora bien, una perspectiva objetivista, plantea que la belleza es inherente al objeto que se reconoce como bello, es cualidad propia del mismo; pero el planteamiento subjetivista establece que la belleza de un objeto depende de la apreciación que de este objeto haga el sujeto, así mismo, otras interpretaciones reconocen a la belleza como aquello que se concibe como valor o, más exactamente, como la cualidad que hace aparecer un objeto como valioso desde el punto de vista estético.
En este sentido y con relación a las redes sociales, concebidas como estructuras sociales integradas por personas y/o entidades que se encuentran conectadas entre sí por uno o varios tipos de relaciones, plasman diferentes intereses, ejerciendo por ende, presión social, presión de grupo, presión de los referentes, mostrando lo perfecto como algo casual y el típico slogan de no hay nada más lejos de la realidad, tal es el caso de Facebook, Twitter e Instagram, los cuales remiten a la existencia de una presión sobre la corporalidad femenina, creada y fomentada por la industria de la moda, publicidad, cine y medios de comunicación, que muestran una belleza irreal e insalubre.
Para alcanzar el ideal que impone lo expuesto respecto a los cuerpos perfectos, las mujeres recurren a diferentes herramientas de ayuda para alcanzarlos, trayendo consigo trastornos de alimentación, hasta medios inseguros que pueden provocar la muerte. La dismorfia, reconocida oficialmente como un trastorno psiquiátrico, se manifiesta como una preocupación obsesiva por la apariencia física y, las redes sociales intensifican este problema al promover imágenes retocadas y filtros que distorsionan la realidad. Las cirugías plásticas, impulsadas por la búsqueda de la perfección, pueden convertirse en una respuesta a esta insatisfacción, pero su efectividad es limitada cuando no se aborda el componente psicológico subyacente.
Las plataformas deben promover la inclusión y diversidad en la representación de cuerpos, limitar la exposición a imágenes que puedan afectar la percepción corporal y fomentar la autenticidad. La educación sobre la irrealidad de los estándares de belleza en línea y la importancia de la salud mental, es esencial.










