La crónica hablará por Chiapas

Mi reencuentro con Rosario

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

En la Ciudad de México, entre avenidas de concreto y murmullos de viento, descubrí las palabras de Rosario Castellanos. En la preparatoria, me sumergí en un crisol de voces que despertaban mi conciencia: Sabines y su verbo herido, Laco y su rigor, Paz y su laberinto de claridad, Rulfo y sus espectros de polvo. Y entre ellos, Rosario, con su mirada que traspasaba lo evidente, con su verbo que se erguía como un faro en la niebla de los tiempos.
Por aquellos años, el Fondo de Cultura Económica tendía puentes de papel a los jóvenes, dejando en los quioscos la herencia literaria de México. Eran libros asequibles, pequeños tesoros encuadernados que cabían en mis bolsillos y en mi alma. Así, con tinta de oportunidad, pude leer, comprender y hacerme preguntas que de otro modo hubieran quedado en el aire, suspendidas, silenciadas.
Hoy, con la madurez que otorgan los años y la relectura, me he propuesto analizar la obra de Rosario Castellanos en su devenir, en su transformación. Seguir la línea del tiempo en su pensamiento, es descubrir los matices de una voz que nunca dejó de crecer, que nunca dejó de desafiar la norma y de confrontar el mundo. La tesis Sobre Cultura Femenina es un testimonio de ello, un manifiesto en germen que, desde sus páginas casi inencontrables, lanza preguntas urgentes y necesarias. Es el eco de una joven que, en 1950, con 25 años, osó pensar la mujer más allá de los márgenes impuestos, antes de conocer a Beauvoir, antes de que el mundo estuviera listo para escucharla.
Leer a Rosario es también releerme a mí mismo. Con cada vuelta de página, desentraño significados nuevos; con cada ensayo, descubro una batalla que aún no termina. Porque su lucha no fue solo de mujeres, sino de todos. Porque el peso del patriarcado no se sostiene solo en el dominio de unos, sino también en la sumisión aprendida de otros. Porque liberarnos de la herencia de siglos es una empresa común, una tarea compartida.
Y así, entre líneas y pensamiento, entre análisis y memoria, la lectura de Rosario Castellanos se convierte en mi espejo y en mi senda.
Es un llamado a la conciencia, un estandarte que aún ondea en el horizonte de quienes buscamos, a través de la literatura, un mundo más justo, más lúcido, más libre.

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