El Informador
El camino hacia los sueños es, muchas veces, un sendero empedrado, sinuoso, que en su recorrido va haciendo del sueño mismo un objetivo inalcanzable, distante. Y al final del camino, de la lucha, de todas las lágrimas y esfuerzos; del sudor y los sacrificios, no queda más que la certidumbre terrible de que el sueño tan perseguido y anhelado se convirtió, o fue siempre, una pesadilla.
“El Gran Gatsby”, de Francis Scott Fitzgerald, es una novela que, aunque ubicada en un contexto histórico específico -Estados Unidos en la época de los 20-, retrata como pocas obras esa búsqueda infructífera -pero ante todo humana- de los sueños, esos juegos del destino que por más que luchemos en su contra nos encaminan al fatalismo y la decepción, un retrato de las esperanzas fallidas de una sociedad -las de entonces, las de hoy y las de siempre-, que se creyó joven y eterna, y que se precipitó al desencanto por su propia mano.
Por su gran valor literario, su inmensa calidad humana, y la gran maestría con la que retrata personajes que sin importar su reticencia no consiguen escapar de sus propios destinos y sus luceros marcados, “El Gran Gatsby” se ha convertido en una de las obras cumbres de la literatura universal.
Cien años después, la novela sigue mostrándonos con todo el poder que tienen las letras nuestra realidad como simples seres humanos: por más grandes que nos percibamos, por más invencibles que nos haga creer el amor que somos, por más eternos que nos hagan sentir nuestras glorias efímeras, no hay nada que podamos hacer ante los desfiladeros a los que nos encamina la vida, más que sentarnos a contemplar cómo las fantasías construidas por tanto tiempo se desmoronan en pedazos ante nuestros ojos.
Una crítica al sueño americano
“El Gran Gatsby”, publicada el 10 de abril de 1925 en Estados Unidos, narra el ascenso y la posterior decadencia de Jay Gatsby, un joven millonario rodeado de secretos, cuya riqueza misteriosa responde a su interés por recuperar a la hermosa Daisy Buchanan, una mujer imposible y acaudalada con la que Gatsby tuvo un romance en su juventud antes de partir a la guerra, y que ella se casara con otro hombre.
Situada en la próspera Long Island, Nueva York, en 1922, en medio de la efervescencia de una burguesía joven, ambiciosa, cerrada y supremacista, la novela está narrada desde la mirada de “Nick Carraway”, un joven graduado y optimista quien se vuelve vecino del enigmático “Gastby”, contemplando así esa sociedad fastuosa a la que no pertenece, pero que muy en el fondo le fascina.










