Pelea de gallos ¿Tradición o crueldad?

M de R / Diario de Chiapas
 En Chiapas, donde la tradición se entrelaza con la vida cotidiana, persiste una práctica ancestral que levanta pasiones y controversias a partes iguales: las peleas de gallos. Lejos de ser un simple espectáculo, estos encuentros representan una compleja estructura cultural, económica y social profundamente arraigada en la historia de todas las regiones de nuestra entidad.
Desde tiempos coloniales, la crianza y el enfrentamiento de gallos de pelea han sido una constante en México. En Chiapas, esta tradición se ha mantenido viva, transmitiéndose de generación en generación. Aunque no existen fechas exactas que marquen su inicio formal en el estado, documentos históricos sugieren la presencia de estas prácticas desde el siglo XIX, consolidándose como una forma de entretenimiento y una expresión de la identidad local.
Durante festividades patronales, ferias regionales o incluso en fines de semana, hombres y mujeres se congregan para presenciar los combates en los palenques, que comúnmente son espacios destinados para ese fin. En esos sitios la atmósfera es densa: los gritos de aliento y la tensión palpable mientras los gallos, con sus plumajes brillantes y afiladas espuelas, se enfrentan en el ruedo.
La crianza de los gallos de pelea es un arte en sí misma. Criadores dedicados invierten tiempo y recursos en la selección genética, alimentación y entrenamiento de sus aves, buscando ejemplares con bravura, resistencia y agilidad. Familias enteras participan en este proceso, convirtiéndolo en una actividad que trasciende lo meramente económico.
Sin embargo, la tradición no está exenta de controversia. Organizaciones defensoras de los derechos animales han alzado su voz en repetidas ocasiones, denunciando el sufrimiento y la crueldad inherente a estas peleas. Argumentan que someter a las aves a combates violentos hasta la muerte o heridas graves es una práctica inhumana que debe ser prohibida.
En Chiapas, como en otros estados de México, existe un debate constante sobre la legalidad y la ética de las peleas de gallos. La presión de grupos animalistas y una creciente conciencia social han llevado a discusiones sobre su posible prohibición o una regulación más estricta.
Un momento relevante en la historia reciente de este debate se dio en 2019, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional la celebración de peleas de gallos en algunos estados, sentando un precedente que ha generado incertidumbre sobre el futuro de esta tradición en todo el país, incluyendo Chiapas.
A pesar de los cuestionamientos, para muchos chiapanecos, las peleas de gallos representan mucho más que un simple espectáculo sangriento. Son una herencia cultural, una fuente de ingresos para comunidades rurales y un espacio de encuentro social.
 Según datos extraoficiales, existen en el estado al menos 200 000 personas involucradas con esta actividad, incluyendo a empresarios, trabajadores y aficionados.
En enero de 2025, el gobierno estatal suspendió temporalmente las peleas de gallos y las carreras de caballos con el decreto 0089-A 2025 como parte de una estrategia para mejorar la seguridad pública y prevenir el maltrato animal.
Aunque la discusión sobre su continuidad o prohibición sigue abierta, en días pasados una comisión de galleros se entrevistó con la Secretaría General de Gobierno y el Consejero Jurídico, logrando un acuerdo para que en un próximo se reactiven las actividades de manera ordenada, segura y legal.
Los galleros tienen confianza de que el futuro de las peleas de gallo en los palenques de Chiapas muy pronto se seguirá escribiendo.

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