La crónica hablará por Chiapas

La leyenda de El Carretón de la Lectura

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

En una ciudad donde las pantallas mandaban y el papel era olvido, apareció un carretón cubierto de carrizos y colores antiguos. Avanzaba lento por la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez, cargado de libros, sillas plegables y un baúl pintado con lunas y signos de interrogación. Un cartel decía:
“¡Sube quien desee leer y vivir mil vidas más!”
Al lado, Dandy, un perro con gafas y capa de enciclopedias, vigilaba los libros como si fueran oro.
-¿Qué es eso, abuelita? -preguntó Emiliano.
-Es El Carretón de la Lectura. ¡Creí que solo había soñado con él! -respondió la abuela Lucha.
Cada tarde, el carretón se instalaba en plazas y parques. No vendía nada, solo ofrecía historias. Libros, títeres, cartas misteriosas… y siempre, nuevas sonrisas.
Pero el señor Meneses, dueño de la cadena “Pantallísima”, no estaba feliz.
-¡Esto arruina mi negocio! Si leen, ya no compran mis distracciones -gruñó.
Intentó destruir el carretón, pero fue detenido por un anciano con ojos luminosos que le dejó un pequeño libro titulado Cómo salvarse a sí mismo.
Desde entonces, Meneses cambió.
San Pascualito, desde el más allá, miraba encantado. Ya no recogía muertitos, pero le alegraba ver lectores renacer.
Durante diecisiete años, el Carretón recorrió la ciudad… hasta que un día se detuvo. Hoy duerme en la Carretocueva, esperando despertar.
Y cuidado… porque puede volver. A buscar más víctimas… perdón, lectores.
Beatriz Espinosa, “Bety Carretona”, descansa por ahora, pero siempre está al acecho. Puede volver en cualquier momento.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *