Jugarle al valiente a los gigantes asiáticos con aranceles, no sólo es peligroso, es una muerte anunciada
Al parecer el “inquilino incómodo” de la Casa Blanca, no aprende y sigue de necio, parece que los fracasos en su estrategia económica, no le sirven de lección y lleva entre las patas a su propia economía ¿Acaso no está enterado de que la tecnología y las manufacturas provienen de Asia? Por ello, implantarle aranceles del 25 por ciento, cifra abusiva, tendrá repercusiones en el bolsillo estadounidense.
El pasado lunes, Donald Trump con su agresivo discurso amenazó de imponer aranceles a Japón y Corea del Sur, gigantes asiáticos que en los últimos años son quienes han venido dominando el mercado. Esto en función de que el próximo 9 de julio fue el último día para la suspensión a dicha imposición comercial de parte de Estados Unidos, misma que se extenderá hasta el 1° de agosto del presente año.
Esta amenaza, lejos de parecer una medida proteccionista a la industria norteamericana, son patadas de ahogado, de quien, ante el evidente avance industrial, tecnológico y cultural de los países asiáticos en varios aspectos, ya no es capaz de competirlos o al menos de “hacer grande a América de nuevo”.
Es ilógico pretender cerrar el mercado internacional, supuestamente para recuperar la grandeza de la industria norteamericana, que en la época del “New Deal” fueron referencia y orgullo para el bienestar de la clase trabajadora.
Claro, Trump olvida que el capitalismo voraz, a través del Neoliberalismo de los ochentas lo benefició en sus negocios; es contradictorio que la supuesta política de libre mercado y no intervención del estado, ahora quiera contradecirse, siendo los responsables de las últimas crisis económicas.
Regresando al tema de Trump y su necedad de aranceles, que ante un mercado globalizado, no resolverá el problema de recuperar la gran industrian norteamericana, al contrario la perjudicará. Ya sus asesores y analistas se lo están advirtiendo, como dirían coloquialmente: “no jugarle con el tigre”, en referencia a esta acción, más que estratégica, visceral.
En fin, el distanciamiento de Donaldo con Musk, dejan en claro que las lealtades no son aprueba de crisis económicas, más aún cuando ciertas convicciones políticas y personales afectan el bolsillo. El dueño de Tesla junto a otros empresarios que lo apoyaron en campaña, con el desplome de sus acciones, se arrepintieron de apoyar al magnate inmobiliario.
Ahora bien ¿Cuál fue la respuesta de estos gigantes asiáticos? Impondrán sus propios aranceles, lo que generarán negociaciones forzosas e incomodas. En este sentido, las respuestas que se darán a esta situación, terminarán afectando más a Estados Unidos.
Al parecer esta fiebre de Trump por los aranceles, es una medida intimidatoria, como buen “bully” que fue, le dio resultados ¿Acaso olvidamos como forjó su imperio inmobiliario allá en los ochenta? Bajo intimidación y doblegar a sus adversarios. Parafraseando una frase recurrente a estos métodos poco ortodoxos del mandatario norteamericano, que cuando no puede con sus enemigos se sienta a negociar, pero bajos sus condiciones abusivas y a veces, poco éticas.
Estas políticas arancelarias ya están mermando al gigante norteamericano, que muy envalentonado se dicta a generar esos decretos, que, al mirar las consecuencias, se termina detractando, incluso aplicando su dichosa negociación con una actitud más sumisa; recordemos que estuvo muy bravucón con la negociación del T-MEC, pero al final se tuvo que tragar sus palabras, incluso aceptando los términos y condiciones de México y Canadá.
En fin, de seguir así, le dejará el camino libre a China para que sea la nación más poderosa económicamente, si es que ya lo es; como lo mencionamos en estas líneas meses atrás, la situación arancelaria la benefició.










