Sembrar especies nativas es un aliciente al ecosistema

En la reciente campaña del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar en favor de la reforestación en Tapachula, que no fue un simple evento más, resalto un aspecto importante de estas acciones favorables al cuidado del medio ambiente: la siembra de especies nativas.

De por sí las campañas de reforestación en apariencia son acciones nobles, muchas veces su ejecución es lamentable; si revisamos las campañas que buscan ser ecoamigables (la reforestación engañosa es un ejemplo de greenwashing), no toma en cuenta muchos factores, por ello cada que realizan las campañas de reforestación, cualquier acto es pretexto para plantar un árbol, como si esto fuera tan sencillo: por cada no sé, compra, puntos en tarjeta, o campañas políticas, se anuncia que se sembrará determinado números de árboles.

El problema radica cuando se ejecuta, que, si bien puede ayudar a contrarrestar los efectos negativos del cambio climático, no toman en cuenta que, en el lugar asignado de la reforestación, el suelo ya está acido o no es viable para su recuperación ante la falta de nutrientes o sobreexplotación a causa de las actividades agrícolas.

Otro punto negativo, es que, al momento de realizar estas campañas, los árboles a sembrar no son acordes al clima, suelo y son provenientes de climas exóticos, provenientes de África y Asia, respectivamente.

Entonces, muchas campañas de reforestación fracasaron o generaron un daño irreversible al suelo donde se colocaron; ejemplo de lo anterior lo pudimos ver en aquel sexenio de “Los desarrollos del Milenio”, con el innombrable Juan Sabines Guerrero), cuando en afán de traer la falsa ilusión de utopía basado en la ONU y generar combustible biodegradable (ya veníamos venir el greenwashing), trajeron la palma de coco, que al plantarse generó una afectación al suelo, como mayor erosión, agotamiento de los recursos hídricos y casi acaba con las especies nativas del lugar. Y para colmo, el biocombustible no se generó ni se consumió.

Asimismo, el caso de los flamboyanes en la capital chiapaneca, que ha generado una acidificación en el suelo donde se han sembrado, sin contar que en estos últimos años han dañado el concreto o el asfalto.

Claro, existen introducciones favorables, como son las jacarandas en la Ciudad de México, que en marzo embellecen a la capital mexicana y ha sido protagonista de grandes sesiones de fotos, ya que esta planta se supo adaptar a las condiciones climáticas. Lo mismo pasa con ciertas flores amarillas que encontramos en el centro de Tuxtla Gutiérrez, mismas que le dan vida a una parte de la Avenida Central.

 Retomando la campaña de Eduardo Ramírez, en dicho evento resaltó la importancia de que al momento de reforestar se haga con una conciencia y planeación; en este sentido, destacó la importancia de la planta del huacal, misma que dio mote identitario a los habitantes de Tapachula y su preservación de carácter ambiental, también es un bastión en favor de la preservación de las tradiciones y que mejor manera con las plantas nativas y endémicas de la identidad, que fueron motivo de cantos, poemas y de un sinfín de obras de artes.

En el proceso de preservación ambiental y reforestación, las especies nativas contribuyen al equilibrio del ecosistema, y desde luego aportan de manera significativa una mejor imagen urbana. Desde luego, dada la inmensa riqueza de Chiapas en lo que respecta a su flora, las especies nativas de plantas y árboles sin duda son motivo de orgullo y belleza icónica.

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