Mercado público, bastión de la economía local y su importancia en la cultura
El anuncio de la remodelación del Mercado Público Rafael Pascacio Gamboa es sin duda de gran importancia para los locatarios y consumidores, que en estos recintos la cultura, la tradición y la economía de miles de familia se sostienen y son parte de una gran tradición, misma que se ha visto amenazada por los negocios franquicia y el ambulantaje.
Dicho mercado fue remodelado hace 20 años, mejorando notablemente su infraestructura y con ello una seguridad para los locatarios: pero, el paso del tiempo ya pasó factura a esa infraestructura, misma que ya se pueden vislumbrar sus efectos a simple vista.
Respecto a este tema del estado de los mercados, al menos en Tuxtla Gutiérrez, ya fue retomado en los reportajes especiales, mismos que ahondaron en los grandes problemas que atraviesan esos espacios públicos: los problemas de la recolección de basura, más aún que se acentuaron con la inoperancia de Veolia, el abandonó o poco mantenimiento, que pueden comprometer en un futuro la integridad física del lugar, tal y como pasó con el Mercado de los Ancianos en 2004.
Esta situación de deterioro en los mercados resulta contraproducente para quienes comercian ahí, ya que, ante estas carencias, cada vez la ciudadanía evita ir a estos espacios para hacer la despensa o para comprar los ingredientes de la comida.
Ante los incrementos inflacionarios que muchas veces rebasan la capacidad o poder adquisitivo de la clase trabajadora, esto termina afectando a los productores agrícolas, pesqueros y ganaderos, respectivamente, que tienen como punto de intercambio a los mercados, mismos que son afectados cuando estos ofertan sus productos, con precios que no son al alcance de los bolsillos de todos.
Las verduras y las carnes cada día son afectados por factores inflacionarios, políticos o por la sobredemanda de la misma. Por esa razón, los supermercados, principalmente, han ganado mayor relevancia en las preferencias de los usuarios: por las instalaciones (aunque algunas sucursales no están en las óptimas condiciones), las ofertas y de cierta manera, lo novedoso que resultan ciertos productos empaquetados.
Claro, la frescura y la calidad que muchas veces ofertan los mercados no está en duda, pero dado los precios que se manejan últimamente, muchos priorizan la cantidad a la calidad del mismo. También ciertas experiencias de compra son incomparables: tomar un pozol de cacao acompañado de sus tacos dorados o suaves, las refrescantes aguas de coco, la exquisitez de cierta cocina económica, la sazón de determinado embutido o queso que sólo en un reducido local podrás encontrar; el trato popular y carismático de quienes comercian o el hecho de llevarse a casa productos propiamente únicos, como dulces, condimentos o frutos que conforman la verbena de lo popular.
En lo que respecta al ambulantaje y también al surgimiento de tiendas chinas al por mayor, estas ponen en aprietos a los locatarios de los mercados, que de por sí batallan con los precios y las ganancias frente a una economía inestable, muchas veces apenas puede costear los costos de mantener su local y a sus familias, ya que los precios que manejan suelen ser poco más caros de lo que se dan en las grandes tiendas o los vendedores ambulantes, mismos que ya interfieren en la vía pública con productos que son dos o tres veces más barato del que encuentras en el centro de abasto a un precio más elevado.
En esta precariedad laboral y de salarios, la mayoría pensamos seriamente en acudir o no a los mercados, aunado lo complicado, al menos en Tuxtla Gutiérrez debido al estrecho de las calles, para asistir.
No basta con el apoyo de gobierno, consumir en los mercados es una conciencia, sobre todo si se quiere priorizar el consumo local y la derrama que esta pueda generar.










