Marco Alvarado / Diario de Chiapas
También aclaró que una persona con discapacidad no está enferma, ni está pidiendo ser vista con lástima; de hecho, al reclamar cada vez más espacios laborales envían un claro mensaje acerca de la capacidad y las oportunidades que durante décadas les han sido negadas.
Contratar a una persona con discapacidad debe ser más que una “buena obra” para presumir en fotografías, porque si el entorno no se adapta surgirán inconvenientes para ambas partes, comentó en una entrevista la directora del área de Inclusión y Cohesión Social, del gobierno de esta ciudad, Karen Koch Ferrer Aquino.
La inclusión laboral apenas está siendo tomada en serio, y según estimaciones, alrededor del uno por ciento, de los más de 79 mil habitantes de Tuxtla Gutiérrez que tienen alguna discapacidad, están empleados, y la mayoría en gobierno.
“Sucede que los contratan, pero su entorno no se adapta a sus necesidades, entonces tienen problemas para moverse, para sumarse a la productividad que se les pide”, comentó Ferrer Aquino.
Por eso destacó que al emplearlos es importante tener en mente que la inclusión laboral implica un ambiente totalmente accesible en función de las necesidades que tiene este empleado en comparación con el resto.
Si el entorno es realmente inclusivo, entonces una persona cuya discapacidad no sea absolutamente limitante en lo físico o intelectual, podrá desempeñar sus funciones como el resto, agregó.
La funcionaria explicó que no hay datos exactos de cuántos están empleados, incluso de cuántas personas tienen una discapacidad y de qué tipo, porque en Chiapas persisten estigmas alrededor de ello “hay familias que se avergüenzan, que esconden al integrante de su familia que están en silla de ruedas o que no tienen una extremidad”, lo que hace difícil hablar de una verdadera inclusión social y laboral.
También, aclaró que una persona con discapacidad no está enferma, ni está pidiendo ser vista con lástima; de hecho, al reclamar cada vez más espacios laborales envían un claro mensaje acerca de la capacidad y las oportunidades que durante décadas les han sido negadas, por considerar que no pueden hacer una actividad laboral, y que sólo deben conformarse con pedir limosna.
“Es como si las personas que tenemos alguna discapacidad, por el sólo hecho de tener esa condición, llevamos una etiqueta de inutilidad en la frente, y no es así. Si bien tenemos alguna limitación física, como es mi caso, no me impide hacer actividades como el resto, por eso insisto en que debe terminar esa mirada de compasión, de lástima y hasta de vergüenza, porque, a menos de que sea una condición totalmente incapacitante en lo físico o en lo mental, podemos tener empleos y una vida como el resto, aunque de manera diferente”, destacó.










