Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
Los dulces tradicionales de Chiapas, como la melcocha, están en peligro de desaparecer, advierte María Elena Jiménez Tevea, una artesana zoque dedicada a la elaboración de platillos, dulces y bebidas ancestrales.
Según Jiménez, las nuevas generaciones muestran poco interés en continuar con esta herencia culinaria, una situación que podría llevar a la pérdida de sabores y preparaciones únicas.
“A esta generación ya no le gusta aprender cómo elaboramos los dulces, el proceso que lleva, yo invito a los que estudian gastronomía que busquen a quienes sabemos hacer estos dulces, hoy prácticamente las vendedoras que están afuera del mercado son quienes conocen el proceso, y algunas ya tampoco lo elaboran, sino que mejor lo compran hecho”, aseguró.
La experta, quien ha dedicado su vida a preservar estas recetas, considera que si estos conocimientos no se transmiten, y si los jóvenes no se interesan en mantener viva esta tradición, una parte del tesoro culinario de Chiapas podría extinguirse.
Este riesgo no solo amenaza los sabores y técnicas de preparación, sino también la historia y la identidad cultural de las comunidades que vieron nacer estas delicias.
Jiménez Tevea enfatizó en la urgencia de valorar y promover estos dulces, no sólo para que sigan siendo parte de la gastronomía local, sino también para asegurar que las futuras generaciones puedan disfrutar de esta herencia culinaria, considerada un patrimonio invaluable de Chiapas, donde los dulces tradicionales son un claro ejemplo de la fusión de la herencia indígena y las influencias de la época colonial.
A lo largo del estado se pueden encontrar una gran variedad de dulces elaborados con ingredientes locales como maíz, cacao, frutas de la región y piloncillo.
Algunos de los más representativos son el Chimbo, que es un postre popular en San Cristóbal de las Casas y Comitán; el Puxinú, de origen zoque que se asemeja a una palanqueta. Se elabora con sorgo o maíz reventado.
Están los nuegados, suspiros, típicos de Chiapa de Corzo, que son bolitas de una pasta de yuca cocida y molida, mezclada con huevo, harina y azúcar, que se fríen y se sumergen en un almíbar, además de las cocadas, entre otros, cuyo proceso de elaboración pasó de generación en generación hasta nuestros días.










