Marco Alvarado / Diario de Chiapas
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Originarios, el Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, José Francisco González González, hizo un llamado a reconocer y proteger los derechos de las comunidades indígenas de Chiapas.
Durante su mensaje, el líder religioso enfatizó que México y Chiapas tienen una deuda histórica con estas poblaciones, que persisten en la precariedad a pesar de su riqueza cultural.
El Arzobispo subrayó la importancia de que los derechos de los pueblos indígenas se respeten no solo en la ley, sino también en su práctica.
Esto implica proteger sus formas de organización y sus propias ideas de desarrollo, las cuales, a menudo, no se alinean con la visión occidental que ha contribuido a la degradación de los espacios naturales.
“Tenemos una deuda con las poblaciones indígenas respecto a hacer posible su desarrollo económico y cultural, pero no de una manera impositiva, sino asimilando sus necesidades”, expresó González González.
Lamentó que, a pesar de ser una riqueza cultural para el estado, sean precisamente los habitantes de estas comunidades quienes más precariedad viven.
Los señalamientos del Arzobispo se reflejan en las estadísticas nacionales y estatales, que pintan un panorama de rezago social y marginación.
Según datos del Inegi, en México hay 23.2 millones de personas que se autoidentifican como indígenas. Sin embargo, el 69.5 por ciento de esta población se encuentra en situación de pobreza, una cifra notablemente superior al 39 por ciento de la población no indígena.
Chiapas es uno de los estados con mayor presencia indígena del país, concentrando, junto con Oaxaca, casi un tercio de la población en hogares indígenas a nivel nacional.
El analfabetismo es uno de los indicadores más claros de la desigualdad. Chiapas ocupa el primer lugar a nivel nacional en este rubro, con una tasa que alcanza el 13.7 por ciento de su población total, según el Censo de 2020. Un porcentaje significativo de este rezago se concentra en comunidades indígenas, lo cual dificulta el desarrollo y la movilidad social.
Al respecto, el Arzobispo manifestó su esperanza de que los programas estatales para terminar con el analfabetismo “rindan frutos”.










