Enrique Flores Amastal. Ciudad de México
Espacios vacíos
Con atuendo de primavera
la tarde pasa,
aromatiza la estancia
donde peino tu cabellera.
Nada infunde pretensiones
al bienestar de pareja,
si te beso en los labios
convierto en realidad la promesa.
¡Hay tantas cosas por decir!
Que el leguaje no tiene palabras
que comuniquen emociones
de ese primer encuentro.
¡Instante supremo de entrega!
Deja de existir el universo
y no podemos comunicar lo nuevo,
recurrimos a lo trillado a lo absurdo,
a la palabra comercializada
que se ha parasitado.
Decir: te amo, muchos lo han dicho,
y el alma entra en una sordera,
porque es tu piel la que elige
y tu piel está en larga espera.
¡No hablemos de amor!
qué sentido tiene a deshoras de la noche,
hablemos de los tranvías extintos,
cuando el romance se tejía en los jardines.
Y así digo: tus jóvenes senos enloquecen,
retadores, en un redondel me siento
Dios, tú joven, yo viejo,
tengo hambre de ti y de tiempo.
Aprendí, contigo, que el cuerpo
es luz, luz que nos inunda
pero aprendió a obedecer a formas.
Así, aprendí a buscarte en lo que
pienso cuando callo.
Porque recordarte me libera
y alcanzo la quietud en tus ojos;
sí, te busco, voy a lugares inéditos
donde nuestras mentes se encuentran
antes que nombrarte con silencios.
Enrique Flores Amastal










