Los traumas de la madre de Frankenstein

Los traumas de la madre de Frankenstein

Texto y la Ciudad

Perita Cernas

  • Te cuento la realidad de la vida de Mary Shelley, desde una perspectiva psicológica y filosófica

¿Y si te dijera que Mary Shelley fue la Florinda Meza de su época? Cuando pensamos en Frankenstein, imaginamos a un monstruo torpe y grandote, con tornillos en la frente, y no en una chica de dieciocho años, muy enamorada, pero condenada a estar rodeada de pérdidas. Hija de dos personas que luchaban por cambiar el pensamiento del mundo; William Godwin, su padre, fue un filósofo radical y, Mary Wollstonecraft, su madre, quien escribió uno de los primeros textos feministas de la historia, La Vindicación de los derechos de la mujer. Mary nació en Londres en 1797, lamentablemente, su madre murió once días después de dar a luz, y William volvió a casarse con una mujer que nunca quiso a su hija. Creció rodeada de libros, ideas revolucionarias y el ideal de lo que fue su madre. Cuando cumplió dieciséis años, conoció al poeta Percy B. Shelley, se enamoraron perdidamente, y en 1814 se fugaron a Europa. La cosa es que, él estaba casado con Harriet Westbrook, con quien tenía dos hijos. Como consecuencia del abandono de Percy, la presión social y la soledad, se ahogó en el lago Serpentine del Hyde Park, estando encinta. Y, con ello, Mary y Percy, pudieron casarse legalmente en 1816. La custodia de Lanthe y Charles Shelley, les fue negada, porque el Estado los consideraba moralmente ineptos, debido a su escandaloso estilo de vida, su falta de fe y la reputación de ambos, quienes alardeaban de su ateísmo. Mary no convivió con ellos, y Percy nunca volvió a verlos.

Mary procreó cuatro hijos, tres murieron en la infancia y solo Percy Florence Shelley sobrevivió, le pusieron ese nombre porque nació en Florencia en 1819. Las muertes ocurrieron en Italia, en donde vivió las pérdidas más devastadoras de su vida. El primero de ellos, falleció a los once días de nacido. El segundo a los tres años y medio, y el tercero al año.

Escribió en su diario: «Parece que la muerte persigue mis pasos. Todo lo que amo, lo pierdo». Narra que poco después de la primera pérdida, soñó que lo traía de vuelta a la vida con calor. Ese, sin duda, fue el primer latido del que sería Frankenstein.

¿Sabías que existe un inconsciente colectivo? Carl Jung, psiquiatra suizo, propuso que hay estructuras psíquicas universales llamadas arquetipos. Cuando la madre de Mary murió al dar a luz, dejó una herida arquetípica materna. Esa figura de la madre ausente, una madrastra distante, y luego Mary atrayendo a un hombre cuya esposa se suicida, refleja un complejo materno no resuelto. Por su parte, Sigmund Freud, identificó la compulsión por repetición, asegurando que, cuando las personas reviven inconscientemente situaciones dolorosas, lo hacen como si trataran de reparar el trauma original, aunque al hacerlo, puedan causarse o causar algún daño. Mary siempre intentó reescribir el trauma de su infancia, incluso en su vida creativa. Jacques Lacan creía que el ser humano basa su estructura psicológica en el deseo, pero este nunca se logra satisfacer. El deseo de Mary en torno a la falta de una madre, se convirtió en el centro de su universo simbólico. La esposa de Percy no es solo una víctima de las circunstancias, sino parte de un ciclo simbólico en donde Mary encarna la ausencia y el dolor que heredó. Y Nietzsche se preguntó: «¿Y si tuvieras que vivir esta misma vida una y otra vez, exactamente igual? De ahí el surgimiento del trágico nietzscheano, el cual no huye del dolor, sino que lo acepta y lo transforma. Mary no se reflejó como una víctima pasiva, ella abrazó su dolor y lo convirtió en arte. El patrón termina transformado en creación, no es una condena sino una necesidad vital.

Y, aunque pareciera que este inconsciente colectivo es sencillo de comprender, a la sociedad le cuesta empatizar con las decisiones individuales. Se nos olvida que el humano está condenado a fallar, a intentar, a volver a errar, e infortunadamente, en ese camino de fracasos necesarios, lastimamos a otros individuos que igualmente se encuentran enjuiciados por sus propias determinaciones. ¿Podemos culpar a Mary por enamorarse de un hombre que tampoco respetó a su esposa? ¿Esa debilidad mundana le resta valor como mujer? ¿Mary debería de vivir una condena contemporánea por su pecado? Como si alguno de nosotros estuviésemos exentos de cometer alguna atrocidad, alegada o no, porque, al final de cuentas, ¿el amor es suficiente justificación para disculpar cualquier acto reprochable?

En 1815, debido a la erupción del volcán Tambora, y por la cual murieron sesenta mil personas, el clima europeo fue extremadamente frío, oscuro y lluvioso. A este fenómeno se le llamó «el año sin verano». El poeta Lord Byron, quien acusado de múltiples escándalos sexuales decidió exiliarse, y Percy compartían correspondencia.

Fueron invitados por Byron a Ginebra, para reunirse con Claire Clairmont, la hermanastra de Mary, quien estaba embarazada de Byron, y John Polidori, un joven de veinte años, inteligente y ambicioso, quien era médico personal de Byron. Todos llegaron a la mansión a orillas del lago Lemán, llamada Villa Diodati.

Encerrados por la lluvia, tras leer en voz alta una antología de cuentos alemanes de fantasmas, Byron propuso un reto; que cada uno escribiera una historia de terror. Él escribió un fragmento que luego inspiraría El vampiro, que Polidori tomaría como elemento para escribir formalmente el cuento en 1819, considerado uno de los precursores del vampiro aristocrático que luego inspiró a Bram Stoker. Percy escribió muy poco, pero Mary, que soñó con un científico que creaba vida, plasmó esa noche, la semilla de Frankenstein. Sin sospechar que, en esa tertulia nacía la ciencia ficción.

Aunque muchos creen que es una historia de terror, Frankenstein es una reflexión sobre la ausencia, lejos de ser una oda a la creación. El abandono masculino es sin duda el tema, Víctor, quien es el padre ausente, es el verdadero cobarde que huye de su criatura, de su bebé, de la vida, de la responsabilidad.

Mary comprendía perfectamente lo que simbolizaba traer vida al mundo y luego perderla.

Después de terminar su obra, Mary volvió a experimentar la pérdida, primero de su hermanastra Clara, quien también se suicidó, luego de sus amigos quienes fallecieron jóvenes, y la última fatalidad: Percy se ahogó en 1822 en el mar Tirreno a los veintinueve años. Su cuerpo fue encontrado días después, y en su bolsillo llevaba un libro de Keats. Aguas con leerlo cerca de un mar. Cuando lo cremaron, el corazón no se quemó, así que Mary lo conservó envuelto en un pañuelo.

Con tan solo veintinueve años, Mary ya había perdido a casi todos. Se mudó a Londres con su único hijo, por un tiempo no pudo escribir sobre Percy, porque Sir Timothy Shelley, su suegro, la amenazó con dejarla de apoyar porque temía que generara más escándalo. Continuó escribiendo sus novelas, y en cuanto Timothy falleció, retomó la edición de las obras de Percy. Rechazó múltiples propuestas de matrimonio, pues prefería vivir libre. Murió a los cincuenta y tres años, en su escritorio encontraron mechones de sus hijos muertos y el corazón endurecido de su esposo.

Mary Shelley fue la madre de un género literario nuevo, de un monstruo llamado Víctor y de un Prometeo contemporáneo. Porque, al final de cuentas, escribir es eso, crear un espejo en donde reflejamos nuestros monstruos, nuestro dolor y la resistencia de un espíritu heredado.

Y tú, ¿qué estás creando que quizás te salve del olvido?

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