Seguimos estancados como país

No cabe duda de que los tiempos no cambian. Las promesas de los políticos son eso: promesas incumplidas. Está por terminar el año 25 del siglo XXI y todo indica que el retroceso es evidente. El discurso sostiene que antes, en tiempos del neoliberalismo, todo se hacía con las patas, con tufo de corrupción, sin preocuparse ni ocuparse del bienestar de los mexicanos.

Hoy, la llamada transformación sigue generando más dudas que certezas. No hay un horizonte que garantice viabilidad, desarrollo y paz social en entidades que son gobernadas —pareciera— por el crimen organizado, por mafias pactadas entre políticos de primer nivel y cárteles de la delincuencia.

Es un hecho que no lo decimos por cuenta propia, sino que todo se desprende de las denuncias públicas de políticos adversarios al poder y de grupos de periodistas que aún privilegian la libertad de expresión y se niegan a rendirse ante la embestida oficial.

Se acaba el año y seguimos preguntándonos cuándo México saltará al plano internacional como potencia económica, como ejemplo de honestidad, donde el sistema político que domina los escenarios se defina como un ente ejemplar en transparencia, trabajo y estabilidad.

Lo bueno es que el año se esfuma y los mexicanos continúan con esa tenacidad de no claudicar, de erigirse como verdaderos hombres y mujeres que quieren sacar adelante a su país, a sus familias y a su hogar.

Es triste que siga prevaleciendo la idea de que es un micro grupo de nuevos políticos el que gobierna el país, el que se enriquece a costa del trabajo honesto de millones de seres humanos que lamentan no haber podido salir del tercer mundo. Los actos de corrupción en las cúpulas de poder siguen en la impunidad, pese a que las pruebas irrefutables de sus actos desleales a México son evidentes: ahí están, registradas en los medios de comunicación. Pero nada vale, nada procede. La indiferencia oficial protege a los corruptos del oficialismo y descarga toda su fuerza contra los adversarios, los “enemigos” de la patria.

No hay autoridad que se erija como defensora de los derechos de los mexicanos. Basta recordar que los políticos ganan para administrar los recursos del país, pero eso no les da autorización para que, en lugar de promover el crecimiento, hagan malabares para desviar recursos: los impuestos que se pagan para contribuir al desarrollo que, minuto a minuto, se nos niega.

Hoy millones de mexicanos se siguen cuestionando por qué hay hijos de políticos que no han trabajado un solo día de su vida y viven como virreyes. Se pasean por todo el mundo, pero no se sabe cómo financian sus viajes, comidas y hospedajes.

Decir que no se sabe también es un eufemismo, porque a estas alturas de la vida la propia política se ha encargado de exhibir a los protagonistas que operan los círculos de poder y la manera en que se sostienen en el lujo, mientras millones de personas apenas “acarician” la medianía y muchas más apenas sobreviven.

Los políticos del partido en el poder hacen como que trabajan, pero cobran muy bien; tan bien, que incluso se autorizan bonos millonarios como premio a su “esfuerzo”, aunque en los hechos la situación es para llorar.

A horas de que suenen las campanadas que marcan el fin de un año con saldo negativo, aunque desde el púlpito del poder se diga que vamos bien, los hechos nos dan una cachetada con guante blanco.

Pruebas y ejemplos hay muchos. En el Congreso de la Unión, diputados y diputadas ya gozan de cabal salud en sus casas, esperando el Año Nuevo con vino y caviar, mientras las estadísticas reflejan que dejan casi tres mil iniciativas pendientes, a pesar de llevar siete años en el poder bajo el paraguas de la Cuarta Transformación.

“Los diputados dejaron dos mil 942 iniciativas presentadas por Morena, PAN, PVEM, PT, PRI y MC pendientes de dictamen; se fueron de vacaciones por mes y medio y regresan a sesiones el 1 de febrero”. ¿Y qué importa? Los temas de seguridad pública, medicamentos, apoyos al campo, educación, empleo, salarios y medidas fiscales pueden esperar. No hay prisa.

Eso sí, los senadores se dan lujos que distan mucho de respetar la tan cacareada política de austeridad, al comprobarse que gastaron 13 millones 430 mil 100 pesos en servicios de alimentos y cafetería. Un lujo, si se considera que perciben sueldos que superan los 150 mil pesos mensuales.

Entonces, como se dijo al inicio, los tiempos no han cambiado. Lo que tanto se le criticó al PRI o al PAN, partidos que estuvieron en el poder, hoy Morena lo practica a la perfección, pues muchos de quienes integran sus filas provienen del famoso PRIAN.

Luego entonces, seguimos estancados como país. Y no se dice porque hoy sea el Día de los Santos Inocentes, sino porque la realidad supera a la ficción.

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