Reyes Magos se resisten a defraudar

•          En medio de una economía devastada, donde los bolsillos pesan más que los sueños, la magia de los Reyes Magos insiste en no desaparecer del todo

Cinthia Ruiz / Karla García / Marco Alvarado  / Fotos: Erick Bustillos / Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

En medio de una economía devastada, donde los bolsillos pesan más que los sueños y las preocupaciones parecen adelantarse al calendario, la magia de los Reyes Magos insiste en no desaparecer del todo. No es una magia ingenua ni ajena a la realidad, es una magia que camina sobre suelos agrietados, que conoce el cansancio y aun así avanza. Porque incluso cuando falta casi todo, permanece el deseo profundo de no dejar morir la ilusión de la niñez.

Ahora los Reyes cargan también con el esfuerzo sobrehumano de adaptarse a un mundo que corre deprisa y olvida despacio. Su travesía es más dura: sortear la escasez, reinventar regalos, competir con pantallas brillantes y tradiciones importadas. Una tradición que se resiste a quedar rezagada atrapada en la carta de millones de niños y niñas que les ilusiona la ansiosa llegada.

Quizá por eso la sonrisa sigue siendo el mejor regalo al esfuerzo de los Magos. No cuesta dinero, pero vale más oro para el esfuerzo de unos Reyes Magos que se vuelven héroes anónimos, cuyo sacrificio siempre valdrá la pena y esta no se mide por lo costoso o lo simple, sino por la intención y la respuesta a una exigencia infantil que no toma en cuenta estos parámetros, porque la verdadera magia no está en lo que se recibe, sino en lo que se mantiene vivo.

El juguete artesanal está en terapia intensiva

Los juguetes están ahí. A simple vista, todo parece intacto: carritos de madera acomodados uno sobre otro, muñecas rígidas con vestidos de colores, yoyos colgados esperando girar de nuevo. Todo está ordenado, completo, casi como si el tiempo se hubiera detenido. Sin embargo, hay algo que falta: los niños.

En este pequeño punto de venta, los juguetes de madera ya no cumplen su función principal. Permanecen amontonados no por exceso de demanda, sino por ausencia de compradores. Nadie los toca, nadie se detiene a observarlos. Pasan frente a ellos sin voltear, sin curiosidad, sin interés. El silencio entre estos objetos tradicionales, contrasta con lo que alguna vez fueron: símbolos de juego, imaginación y tradición.

Negocio que ya no se sostiene

Adrián Pineda lleva muchos años dedicado a la venta de juguetes de madera. Como encargado de este comercio, ha sido testigo de cómo, en las últimas temporadas, los resultados están de bajada. Lo que antes era una actividad rentable, hoy se sostiene con dificultad, especialmente en fechas que históricamente eran clave para las ventas.

Él no fabrica los juguetes: los adquiere de artesanos que aún trabajan la madera y que buscan mantener viva una tradición. Sin embargo, venderlos se ha vuelto cada vez más complicado. “Ya no se venden”. No importa si se trata de una muñeca, un carrito o el yoyo, uno de los juguetes más vendidos durante años, hoy ninguno logra captar la atención de los niños.

Padres de familia contribuyen al “olvido”

La diferencia, explica, se hace evidente al comparar su comercio con otros puntos de venta cercanos, donde predominan los juguetes modernos. Carritos tecnológicos, muñecas que se mueven, hablan o incluyen accesorios, así como juegos electrónicos, mantienen un flujo constante de compradores. Incluso los juguetes más baratos relacionados con la tecnología suelen tener precios que van desde los 200 pesos en adelante y, aun así, son los más buscados.

En contraste, Adrián ofrece juguetes de madera con precios accesibles, que van de los 50 a los 300 pesos. A pesar de ello, la baja en ventas es evidente. Los niños no los piden y los padres no los consideran una opción. Prefieren productos modernos o, en muchos casos, una tablet o un teléfono celular.

El comerciante señala que, actualmente, muchos padres optan por regalar dispositivos tecnológicos o juguetes electrónicos como una forma de mantener a los niños entretenidos y tranquilos. “Es para que no molesten”, menciona, aludiendo a una práctica cada vez más común que desplaza al juego tradicional y manual.

Esta situación se agudiza durante fechas clave como el Día de Reyes Magos. Diciembre solía ser el mes más fuerte para la venta de juguetes de madera, pero este año no lo fue. Mientras los comercios dedicados a la tecnología y a los juguetes modernos registraron un aumento en sus ventas, para Adrián Pineda el 6 de enero pasará sin cambios.

No hubo filas, ni niños señalando juguetes con emoción, ni padres preguntando precios. Lo que quedó fue la confirmación de una tendencia: la preferencia por lo tecnológico ha relegado a los juguetes de madera, incluso cuando estos resultan más económicos y accesibles.

Más allá del impacto económico, lo que realmente preocupa a Adrián es que esta baja constante termine por desaparecer los juguetes de madera del mercado. Que ya no se fabriquen porque no se venden y que los niños crezcan sin conocerlos. “A los niños ya no les interesa”, repite, consciente de que esa frase resume un cambio profundo en la forma de jugar, de consumir y de vivir la infancia.

Entre juguetes ordenados que nadie compra y temporadas que ya no cumplen su promesa de ventas, el comercio de juguetes de madera enfrenta una crisis silenciosa. Una crisis que no solo afecta a vendedores y artesanos, sino también a una tradición que se desvanece frente al avance de la era digital.

Aranceles golpea al bolsillo de los “Reyes Magos”

El mercado de los juguetes coleccionables en México enfrenta un escenario adverso marcado por el incremento de aranceles y costos de importación, situación que ha provocado un alza considerable en los precios finales al consumidor, señaló José Manuel Algarín, conocido en el ámbito del coleccionismo como “Urbano”, fundador de Geektopia Store, tienda especializada ubicada en la capital chiapaneca.

De acuerdo con el entrevistado, el impacto ha sido progresivo pero contundente en los últimos años, incluso antes de la aplicación de nuevos gravámenes anunciados recientemente, lo que ha reducido la accesibilidad de estos productos para una parte del público.

“En estos cuatro años he visto un subidón increíble de figuras que valían 500 pesos y ahora están en 800 pesos, y eso todavía es previo a este año”, expuso.

Algarín explicó que el encarecimiento responde, en gran medida, a la cadena de importación que siguen las principales marcas del sector, cuyos productos se fabrican en Asia y atraviesan múltiples procesos fiscales antes de llegar a México.

“Estamos hablando de un juguete que primero paga aranceles al entrar a Estados Unidos desde China o Japón y luego vuelve a pagar impuestos al importarse a México. Es un arancel fuerte que le pega directamente al bolsillo del coleccionista”, detalló.

Las licencias y las empresas comercializadoras

Indicó que las licencias más demandadas, como Marvel y DC, pertenecen a empresas como Hasbro y Mattel, las cuales no producen en México, lo que vuelve inevitable la dependencia del mercado internacional y la vulnerabilidad ante cambios fiscales.

En este contexto, el gasto promedio de un coleccionista oscila actualmente entre los 700 y los mil 200 pesos por figura, aunque existen piezas que incrementan su valor con el tiempo y otras que, dependiendo de su estado o empaque, pueden depreciarse.

“Un coleccionista fácilmente invierte entre 700, 800 o hasta mil 200 pesos por figura, dependiendo de cuál sea. Hay colecciones que con los años alcanzan valores muy altos”, señaló.

Además del impacto económico, el entrevistado advirtió un cambio generacional en la relación con los juguetes, donde el consumo ya no está centrado en el juego infantil, sino en la nostalgia y el poder adquisitivo de los adultos.

“Hoy el que más compra es el adulto. Muchas veces son autorregalos de Navidad o Reyes. Los niños de ahora casi no tienen ya ese gusto por el juguete”, afirmó.

“Ahora los niños piden celulares, ropa o cosas que ven en redes. Dejan de jugar muy temprano. Compran el juguete, lo abren y ahí se queda, ya no lo juegan como lo hacíamos en los noventas”, expresó.

La Industria del Juguete “no es un juego”

La magia de los Reyes Magos no sería posible sin la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete, que cada año moviliza millones de unidades que provocan la sonrisa y alegría de niños y niñas. Sus números muestran que esta industria no es un juego.

En México, el valor total de producción de juguetes en 2024 se estimó en una cifra superior a los siete mil millones de pesos.

Datos de esta asociación indican que las exportaciones anuales de juguetes tienen un valor de dos mil 500 millones de dólares, y el mercado principal es Estados Unidos.

En tanto que las importaciones provienen principalmente de China, y superan los tres mil 200 millones de dólares cada año.

Si bien compañías internacionales tienen producción nacional, también subsisten en el mercado interno empresas mexicanas, como Mi Alegría, Distroller, Apache, Fotorama de México, Prinsel, Algara, entre otras, cuyos productos deben cumplir con la Norma Oficial Mexicana PROY-NOM-253-SE-2021, que establece requisitos de seguridad mecánica, física, eléctrica e inflamabilidad.

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