Daniel Sánchez/Diario de Chiapas
La nueva era técnica de la F1 en 2026 ni siquiera ha empezado y ya tiene su primer incendio político: la “polémica Mercedes” de los motores. El núcleo no es un mapa secreto ni un combustible mágico; es algo más incómodo porque parece pequeño: cómo se mide el límite de relación de compresión.
El reglamento 2026 reduce la compresión máxima a 16:1 y, según el procedimiento vigente, la verificación se realiza a “temperatura ambiente” con el motor sin estar en régimen de funcionamiento. Ahí nace la sospecha: si una pieza clave del conjunto cambia sus dimensiones cuando trabaja caliente, por expansión térmica, un motor podría “pasar” el chequeo estático y luego operar con una compresión efectiva mayor cuando está a temperatura, recuperando parte del rendimiento perdido. Ese es el supuesto “hueco” que rivales creen que Mercedes —y también Red Bull— habrían aprovechado.
El tema escaló porque Audi, Ferrari y Honda (proveedores) llevaron la preocupación a la FIA por carta y empujaron reuniones técnicas para forzar una respuesta antes del arranque del campeonato. La lectura competitiva es obvia: si el truco existe, afecta especialmente a quienes no lo tienen… y, en un cambio reglamentario de esta magnitud, un par de décimas por vuelta pueden decidir un año entero. Algunas coberturas incluso han especulado con una ganancia potencial del orden de 0.3s en ciertos escenarios, aunque eso depende de pista, despliegue híbrido y empaquetado.
Mercedes, por voz de Toto Wolff, ha respondido con un mensaje doble: “es legal” y “lo hablamos con FIA”. En su versión, el reglamento y el método de test son claros; si alguien está molesto, es porque llegó tarde a la idea o busca munición política antes de Melbourne.
La FIA, mientras tanto, intenta evitar que el paddock convierta la primera carrera en un tribunal. Reuters reportó que la Federación ha jugado a bajar la temperatura del debate y tratarlo como asunto de clarificación para no llegar a una protesta formal en el arranque. Y aquí está el punto fino: la discusión real parece estar migrando del “¿es legal?” al “¿cómo lo medimos?”. En una reunión clave del 22 de enero, se avanzó en la idea de medir la compresión con el motor “hot” (en condiciones de operación), pero sin garantías de implementación inmediata.
Por eso, el escenario más probable no es un castigo retroactivo, sino un ajuste de procedimiento que cierre el hueco —o lo confirme— con criterios verificables. Si la FIA cambia el método antes del 8 de marzo, Mercedes (y cualquiera implicado) podría perder una ventaja; si no lo hace, el riesgo es que el campeonato arranque con la amenaza latente de protesta.










