A los pulpos del transporte no les interesa el bienestar del usuario
Ya es de conocimiento general las pésimas y precarias condiciones de las unidades del transporte público en Chiapas y México; de hecho, en las redes sociales abundan las imágenes que ya son del chiste de cada día, donde los usuarios del transporte público padecen los estragos de unidades viejas, su traslado es incómodo, inseguro y para colmo, el alza a este no refleja un mantenimiento a las unidades.
Como planteamos en los reportajes de esta casa editorial, en Chiapas, la situación entorno al transporte público es muy complejo; basta revisar las estadísticas de accidentes automovilísticos, que va en aumento, siendo los conductores de taxis y de colectivos quienes encabezan estos datos lamentables.
¿A qué se debe esto? Primero que nada, a un cáncer institucional, que con el pasar de los años mutó hasta generar una precarización irreversible: los pulpos del transporte, que no solo operan en las instituciones de Movilidad y Transporte, son dueños de flotillas de taxis y combis, principalmente.
Estos dueños a largo del tiempo han generado ganancias jugosas entorno al transporte, ya que poseer una unidad del transporte colectivo o de taxis, ya representaba una buena inversión, eso sin contar a aquellos que contaban con flotillas de ambas modalidades del transporte.
Si bien es un lucrativo negocio, jamás esto se reflejó en el bienestar del ciudadano, que cada vez se tienen que “amolar” a las condiciones paupérrimas de las unidades: asientos desgastados, puertas inservibles o inseguras, malos olores, unidades con llantas viejas y a veces sin frenos, eso sin tener en cuenta el trato déspota y grosero de los choferes de las unidades; además, en muchas ocasiones estos no cuentan con licencia de manejo o la unidad, al ser protagonista de un percance, no cuenta con el seguro, por eso muchos al tener un accidente se dan a la fuga.
Recordemos aquel incidente allá en 2022, en la una unidad de la ruta 115 tuvo un accidente a la altura del crucero de la Librería José Emilio Pacheco, que cobró muchas vidas y mostró el peligro al que están atenidos los pasajeros, todo por no dar mantenimiento.
Además, los choferes de las unidades estás sometidos a un constante estrés por parte de los denominados “checadores”, quienes tienen cronometrados sus tiempos a la hora de llegar a las respectivas bases, eso sin tener en cuenta que deben ferozmente competir contra sus propios compañeros de ruta para ganar el pasaje o que no los rebase: en las redes sociales abundan las peleas callejeras entre los choferes de las unidades cuando se pelean el tiempo o el pasaje.
Ahora bien, la llegada de las aplicaciones y plataformas como Didi y Uber, exponen la fragilidad de estos servicios, que el propio tiempo ha mostrado como deficientes, y ¿Qué solución proponen? Ponerles trabas.
Que absurdos se ven los taxistas, principalmente cuando protestan ante la llegada de estas apps, ya que son incapaces de revertir su muerte anunciada: estos servicios de aplicaciones ofrecen muchas comodidades, tanto para el usuario como para el conductor, precios más justos, unidades en buen estado, una mayor garantía de seguridad, ya sea por accidente o siniestros, y desde luego facilidades de pago.
En cambio, cuantas veces los usuarios hemos afrontado la negativa de los mismos taxistas para el servicio: “Alla no voy jefe”, una de las frases más incomodas que refleja la mediocridad de un sistema de transporte que está muriendo.
Por ello ¿Es justo ponerle “trabas” a la competencia? Tan solo para evitar la agonía de quienes tienen secuestrado el sistema de transporte.










