• Temperaturas física y emocionalmente extremas.
  • Estamos experimentando condiciones térmicas que exigen cada vez más protección, evitar actividades al aire libre, y atención a la salud mental

Marco Alvarado/ Cinthia Ruiz/ Edén Gómez/ Karla García

Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

Mientras las autoridades de salud emiten alertas críticas por el aumento de enfermedades gastrointestinales y golpes de calor; también, es un hecho que las temperaturas extremas pueden contribuir a una “epidemia” de irritabilidad y fatiga emocional que altera la convivencia social, convirtiéndola en una crisis silenciosa que va más allá de los termómetros.

El riesgo en la calle

El riesgo físico comienza en el plato. La directora del Servicio Médico Municipal, Martha Margarita Flores Moscoso, recordó el peligro de consumir alimentos en la vía pública. El calor intenso acelera la descomposición orgánica, transformando los puestos ambulantes en focos de salmonelosis e intoxicaciones graves.

“Lo que inicia como una molestia leve puede escalar rápidamente hacia cuadros que ponen en riesgo la vida”, advirtió Flores Moscoso, enfatizando que niños y adultos mayores son los más vulnerables, debido a su baja capacidad de recuperación ante la pérdida de líquidos.

Golpe mortal

Por su parte, la Cruz Roja Mexicana reportó un incremento en las atenciones por golpes de calor, casos que inicialmente se confunden con desmayos o crisis convulsivas.

Ignacio de Jesús Álvarez Hernández, coordinador estatal de Socorros, señaló que atienden hasta cinco personas por semana bajo estas condiciones, advirtiendo que la combinación de deshidratación severa y enfermedades preexistentes puede derivar en paros cardíacos.

Furia térmica

Sin embargo, la sensación térmica elevada no sólo afecta los órganos internos; también está alterando la psique de los tuxtlecos.

La psicóloga Norma Angélica Meléndez explicó que las altas temperaturas impactan directamente en la salud mental, provocando un aumento significativo en la irritabilidad y la fatiga emocional.

El calor extremo genera un estado de agotamiento que nubla el juicio. Según Meléndez, la acumulación de malestar físico, sumada al caos urbano, crea un escenario propicio para las explosiones emocionales y la intolerancia.

De hecho, comentó que muchos pacientes acuden a terapia por problemas de ira o ansiedad sin identificar que el factor ambiental es el principal exacerbante.

Protección necesaria

Finalmente, el órgano más extenso del cuerpo también sufre las consecuencias de una radiación inclemente.

La especialista en dermocosmética, Jaily Ocaña, subrayó que el uso de protector solar ha dejado de ser un lujo estético para convertirse en una necesidad médica diaria.

La exposición prolongada no sólo provoca resequedad y manchas, sino que eleva drásticamente el riesgo de desarrollar cáncer de piel a largo plazo.

Ante este escenario, recomendó realizar ejercicios de introspección para detectar si la irritabilidad es una respuesta al clima y evitar así que las relaciones personales y laborales se fracturen por la intolerancia térmica.

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