Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas
En Chiapas, la adopción de una cultura de prevención a través de seguros se mantiene como una de las tareas más urgentes y menos atendidas por la sociedad civil, aunque la adquisición de una póliza de protección constituye una herramienta fundamental para salvaguardar la estabilidad económica de los hogares, la realidad local refleja un estancamiento preocupante.
Factores como el escepticismo generalizado y un vacío profundo de información veraz han colocado a la entidad en los últimos peldaños del ranking nacional en penetración de seguros.
Según Félix Franco, especialista en Seguros y Fianzas, esta resistencia deja a miles de familias en una vulnerabilidad extrema ante contingencias imprevistas que podrían evitarse con una planificación adecuada.
El núcleo del problema radica en una percepción distorsionada del riesgo, gran parte de la población chiapaneca tiende a subestimar la probabilidad de enfrentar crisis severas, tales como enfermedades crónicas, accidentes de alto impacto o el fallecimiento prematuro de quien provee el sustento económico principal.
Esta falta de previsión se traduce en una crisis financiera inmediata cuando el suceso ocurre, pues la mayoría de los núcleos familiares carecen de un fondo de emergencia sólido, se estima que una intervención médica de urgencia o un proceso funerario digno puede requerir una liquidez inmediata superior a los 200 mil pesos, una cifra que pocas personas tienen disponible en ahorros, lo que deriva en el endeudamiento sistémico o la pérdida de activos vitales como vehículos y propiedades.
Contrario a la creencia popular de que los seguros son un lujo exclusivo de las clases altas, la realidad técnica es mucho más flexible, el costo de una prima de vida, por ejemplo, no se establece de forma arbitraria ni excesiva; se define mediante análisis socioeconómicos que se ajustan a la capacidad real de pago del contratante.
Franco sugiere un ejercicio de introspección financiera sobre los denominados “gastos hormiga”: esos desembolsos diarios en productos innecesarios que, al sumarse mensualmente, superan con creces el costo de una cobertura básica.
Redirigir ese flujo de capital hacia un seguro no es un gasto, sino una inversión en tranquilidad que garantiza que el patrimonio construido con años de esfuerzo no se evapore en una sola semana de hospitalización.
La oferta actual del mercado es lo suficientemente diversa como para cubrir necesidades específicas y cambiantes, existen instrumentos diseñados exclusivamente para asegurar la educación universitaria de los hijos, protegiendo su futuro profesional incluso ante la ausencia de los padres.
Por otro lado, para el sector de trabajadores gubernamentales, existen productos con ventajas fiscales que facilitan procesos de jubilación anticipada, permitiendo un retiro digno y planificado, incluso la sensibilidad social ha evolucionado hacia la protección de las mascotas, integrándolas formalmente en los esquemas de cobertura médica, reconociendo su rol emocional y económico dentro de la dinámica familiar moderna.










