- La irrupción de esta herramienta, así como de las redes sociales, están redefiniendo la manera en que los jóvenes se informan, aprenden y construyen conocimiento
Cinthia Ruiz/ Diario de Chiapas
La irrupción de la inteligencia artificial y el crecimiento de los contenidos digitales están redefiniendo la manera en que los jóvenes se informan, aprenden y construyen conocimiento. En un entorno donde la información circula sin los filtros tradicionales de los medios de comunicación, el desafío ya no consiste únicamente en acceder a los datos, sino en desarrollar la capacidad de analizarlos, cuestionarlos y utilizarlos de forma responsable. Así lo señaló Raúl Ríos Trujillo, docente de la Universidad Autónoma de Chiapas.
El académico explicó que, a diferencia de las décadas de los ochenta y noventa, cuando la sociedad recibía información a través de un número limitado de canales y figuras consolidadas del periodismo, actualmente cualquier persona puede generar contenidos y difundirlos a través de internet. Esta apertura democratizó la comunicación, pero también provocó que disminuyeran los filtros editoriales y que la calidad de la información dependa, en gran medida, de la responsabilidad de quienes la producen y de la capacidad crítica de quienes la consumen.
Ríos Trujillo advirtió que este cambio tiene efectos directos en la educación. Si bien la escuela continúa siendo un espacio fundamental para la formación, gran parte del aprendizaje ocurre fuera del aula, mediante el uso constante de teléfonos móviles, redes sociales y plataformas digitales. En consecuencia, los estudiantes permanecen expuestos de manera permanente a mensajes que influyen en su visión del mundo y en sus hábitos de pensamiento.
En este contexto, señaló que la inteligencia artificial representa un acontecimiento sin precedentes, al tratarse de la primera vez que la humanidad convive con una inteligencia distinta, capaz de procesar y generar información a una velocidad superior a la humana. Ante ello, consideró indispensable que la educación fortalezca habilidades como el análisis, la creatividad y el juicio ético para que la tecnología funcione como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo del razonamiento.
El especialista alertó que el uso indiscriminado de estas herramientas podría fomentar la dependencia de respuestas automáticas y debilitar competencias básicas como la escritura a mano, la argumentación y la resolución de problemas. A su juicio, el debate no debe centrarse en prohibir la inteligencia artificial, sino en establecer criterios claros sobre cómo emplearla de manera adecuada.
Para el docente universitario, los cambios más significativos se observarán en los próximos diez años. En ese proceso, la educación tendrá que adaptarse para garantizar que los avances tecnológicos potencien el aprendizaje, sin desplazar la capacidad humana de pensar con autonomía, discernir información y tomar decisiones responsables.










