Una red de ríos subterráneos podría colapsar, tras cinco décadas de haber sido construidos; socavones, hundimientos y fallas estructurales, la alerta
Edén Gómez/ Marco Alvarado/ Cinthia Ruiz/ Ainer González/ Karla García/ Diseño: Luis Méndez / Fotos: Erick Bustillos / Diario de Chiapas
Bajo el pavimento de Tuxtla Gutiérrez hay una intrincada red de embovedados, la mayoría construidos hace cinco décadas, los cuales podrían colapsar.
Estos fueron construidos para dominar los antiguos cauces de ríos y arroyos, que hoy no sólo soportan el peso de una urbe en crecimiento, sino la implacable presión de corrientes de agua durante la temporada de lluvias.
Previamente, como lo mostramos en estas páginas, Diario Media Group realizó un recorrido, donde se expuso que, estos túneles no están en sus mejores condiciones.
En 2026, una preocupante sucesión de socavones, hundimientos y fallas estructurales, alertan que algo requiere de atención inmediata en el subsuelo.
Una red obsoleta
De los 23 arroyos que cruzan la capital, 18 tienen tramos extensos embovedados.
Sistemas como los de San Roque, San Pascualito y el colector Potinaspak se erigen como las arterias más críticas y extensas para el desalojo del agua pluvial en la ciudad.
Sin embargo, parecen encontrarse en un punto crítico. Romeo Palacios Suárez, presidente de la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia, advierte que estos embovedados, construidos hace medio siglo, representan hoy un factor de alto riesgo para inundaciones y colapsos.
El especialista aclara que no se trata de un error de origen, sino de una obsolescencia.
“Estos embovedados han sido sobrepasados en su capacidad hidráulica, porque los escurrimientos superficiales se incrementan proporcionalmente al crecimiento urbano. No significa que los hayan diseñado mal en un principio, sino que los diseñaron para las condiciones que existían 50 años atrás. Después de cinco décadas, los escurrimientos superficiales se han triplicado”.
A este incremento volumétrico se suma la fatiga de los materiales. Gran parte de estos túneles fueron edificados con ladrillo rojo y tecnologías de la época que hoy exhiben un severo desgaste, erosión física y daños estructurales severos causados por los bruscos cambios de dirección en los cauces y la fuerza del agua.
Monitoreo oficial
Eder Mancilla Velázquez, secretario de Protección Civil Municipal, asegura que la dependencia realiza un monitoreo constante de los sistemas subterráneos de la capital.
Aunque el funcionario precisó que actualmente no se registran edificios con daños estructurales graves ni riesgos inminentes de colapso habitacional por esta causa, admitió la existencia de 25 puntos críticos perfectamente identificados, vulnerables a inundaciones severas y encharcamientos.
Un ejemplo de la gravedad del desgaste subterráneo se localiza en el embovedado Santa Ana, el cual presenta daños estructurales considerables.
Ante la vulnerabilidad de la zona, la Secretaría de Obras Públicas Municipales tuvo que activar un plan de intervención inmediata para la reparación del colapso de un muro de contención, y la reconstrucción de aproximadamente 70 metros de zampeado.
Esta sección del suelo del canal sufrió una severa erosión debido a la fuerza y el volumen de las corrientes arrastradas durante la pasada temporada de lluvias, dejando en evidencia la fragilidad del subsuelo.
El susto de los socavones
La debilidad del subsuelo no es una hipótesis. Durante los primeros cinco meses de 2026 una oleada de socavones, hundimientos y reblandecimientos de tierra han afectado tanto a zonas residenciales como a las principales arterias viales de la ciudad.
El año comenzó con la confirmación de un socavón sobre el transitado Bulevar Belisario Domínguez, obligando a las autoridades a realizar cierres parciales de la vialidad para ejecutar reparaciones de emergencia.
Luego, el 6 de febrero, habitantes del fraccionamiento Infonavit El Rosario reportaron un hundimiento derivado de una fuga de agua. Al inspeccionar el área, personal del Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SMAPA) descubrió que el socavón conectaba de manera directa con un canal de aguas pluviales.
El 21 de abril, vecinos de Paseo del Bosque alertaron sobre un socavón generado por una fuga hídrica. La zona tuvo que ser acordonada de inmediato por Protección Civil para mitigar riesgos.
El peligro latente se tornó en accidente en la colonia Patria Nueva, el pasado 22 de abril, cuando una unidad de transporte público colectivo cayó dentro de un socavón, encendiendo las alarmas de automovilistas y transeúntes sobre la seguridad de las calles.
Durante ese mes, el día 24, en el fraccionamiento Los Laguitos, colonos denunciaron públicamente que una fuga de agua ignorada durante meses por el SMAPA continuaba expandiéndose, reblandeciendo el suelo y generando peligrosas filtraciones en las viviendas aledañas.
Apenas el 6 de mayo, ciudadanos reportaron un socavón de gran profundidad en la intersección del callejón El Brasilito y la avenida Cuilapan, representando un riesgo inminente para peatones y vehículos.
Este mes, en la carretera Villaflores-Francisco Villa, la población demandó la intervención urgente de la Secretaría de Infraestructura ante el notable deterioro de la carpeta asfáltica por un hundimiento.
El incidente más reciente se documentó en la carretera Tuxtla-Emiliano Zapata, donde los automovilistas detectaron un nuevo socavón provocado por el asentamiento del suelo, obligando a un nuevo despliegue de acordonamiento preventivo.
Amenaza silenciosa
¿Por qué se hunde Tuxtla Gutiérrez? La respuesta científica apunta a procesos de erosión interna imperceptibles a simple vista.
El ingeniero Carlos Jesús Romero Morales explicó que el principal detonante de estos hundimientos es el desgaste gradual del suelo, provocado por el flujo continuo de agua por debajo del concreto.
La capital se asienta sobre una cuenca natural compleja, predominantemente alimentada por el río Sabinal. Durante la temporada de lluvias, el volumen pluvial se dispara. Si el agua encuentra una vía de escape, ya sea a través de grietas en los muros de contención, fallas geológicas o, de manera muy común, por la fractura de tuberías antiguas, empieza a lavar y arrastrar los sedimentos del subsuelo.
Romero Morales enfatiza que la antigüedad de las redes hidráulicas y sanitarias es el talón de Aquiles de la infraestructura urbana. Una tubería vieja o fracturada puede presentar microfugas constantes que erosionan silenciosamente el terreno durante meses o años antes de que la superficie ceda de golpe.
La combinación de redes hidráulicas envejecidas, filtraciones constantes y un sistema pluvial que enfrenta una presión drásticamente mayor en cada temporada de lluvias exige una transición de la reacción a la prevención.
Sólo mediante una reingeniería profunda y una inversión sostenida en la infraestructura que no se ve, se podrá asegurar la estabilidad del suelo sobre el que está creciendo Tuxtla Gutiérrez.










