Reflexión a la distancia: la redención!

Gerardo A. Toledo Coutiño

Me motiva a escribir estas líneas no la casualidad sino la causalidad, en el mundo de la política, así como en el de las relaciones humanas nada ocurre por azar. Todo responde a una correlación de fuerzas, a una intención y aún movimiento previo que abrió o cerró una puerta.

Durante años he caminado por senderos en donde se han tomado las decisiones que han determinado el rumbo de muchas definiciones del ámbito político y público, he sido testigo de cómo una frase, colocada en el instante preciso, puede cambiar una vida colectiva, y de cómo el silencio bien administrado muchas veces puede ser más poderoso que el discurso más elaborado. He visto ya de cerca a algunos de nuestros gobernantes de las últimas tres décadas caer del poder por subestimar la naturaleza humana y de igual manera el tiempo, la vida y particularmente las circunstancias también me han permitido ver a figuras aparentemente frágiles consolidarse en el poder por comprenderla con precisión quirúrgica.

En la actualidad, lo que la mayoría llama «política» se reduce a partidos, campañas, elecciones y discursos públicos.

Empero, la política real (la que verdaderamente gobierna el mundo) es anterior a todo eso. La política es la dinámica invisible que opera en cada hogar, en cada oficina, en cada grupo de amigos, en cada organización y en cada conversación.

La política es el arte de la influencia y de la gestión del poder, del reconocimiento de la autoridad y del territorio físico o simbólico que cada ser humano defiende, conquista o pierde; habita en nosotros en cada interacción humana, en quien toma la palabra primero, en quien guarda silencio para observar, en cómo se construye una alianza o simplemente se rompe una lealtad en la mayoría de las veces por la falta de autocontrol y ceguera ante el manejo del exceso del poder.

Recuerdo lo que bien decía mi muy querido y extrañado hermano mayor (Jorge) y que acuñó esta frase como suya: el poder y el dinero NO está hecho para cualquiera; pues al tonto lo enloquece y a quien está loco lo apendeja.

Desafortunadamente en muchos de los casos me ha tocado ser testigo cercano que en varias definiciones políticas importantes del estado no todo se ha decidido por mérito, que no todas las oportunidades para muchos actores políticos han sido justas y que no todas las derrotas han sido accidéntales, me permito asegurar de la existencia de códigos ocultos, que predominan estructuras invisibles que determinan quién asciende y quien permanece, quien es escuchado y quien ignorado, quien (es) influye(n) y quien obedece.

En consecuencia, la política no siempre es limpia, tampoco es siempre sucia, simplemente es humana y lo humano está marcado por el deseo, el miedo, la ambición, la necesidad de pertenecer y el anhelo de controlar el propio destino, querer comprender la política es comprender al ser humano en su forma más honesta, es decir, cuando se quita la máscara del discurso moral y se actúa desde sus impulsos más profundos.

Así concluyo a la distancia, haciendo la reflexión que en mi posición forjada desde unos años más de la mitad de mi vida en circunstancias de crisis, negociaciones, interpretar estrategias y decisiones irreversibles, el que pueda afirmar con certeza:

“El poder no siempre lo tiene quien levanta la voz, sino quien entiende cuándo hablar, a quien escuchar y como leer lo que NO se dice. El poder no siempre es visible, pero siempre deja huella, más aún cuando se pierde de vista que puede ser tan solo “atemporal” por eso al paso del tiempo y con los años llega a pesar el remordimiento y es ahí donde surge la añoranza por buscar la redención por los agravios cometidos en el pasado.

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