Erick Bustillos/ Diario de Chiapas
Por generaciones, el trabajo del ámbar ha sido más que un oficio para cientos de familias chiapanecas; es una herencia que se transmite con paciencia, dedicación y orgullo. Hoy, esa tradición encuentra nuevos guardianes en las manos de Karla, Santiago y Joan, tres niños que, pese a su corta edad, ya comienzan a escribir su propia historia entre herramientas, piedras y sueños.
Con apenas 10 años, Karla Alejandra Gómez Pérez descubrió desde los ocho el fascinante mundo del ámbar. Lo que comenzó como un aprendizaje dentro de su familia se convirtió en una pasión que hoy la impulsa a imaginar un futuro como artesana. En el certamen presentó la pieza “Hongos Silvestres”, una delicada pieza elaborada con ámbar amarillo montado sobre madera, reflejo de las horas de dedicación y del amor por un oficio que desea preservar para las siguientes generaciones.
La historia de Santiago, también de 10 años, inició observando atentamente a su padre mientras transformaba el ámbar en figuras llenas de detalle. Aquellos días de aprendizaje despertaron en él el deseo de seguir sus pasos. Después de dos años aprendiendo el tallado, decidió participar por primera vez con la pieza “Delfín del Mar”, su primera obra artesanal, símbolo del comienzo de un camino que espera recorrer durante toda su vida.
A sus 9 años, Joan Natanael García Pérez encontró en su abuelo no solo a un maestro, sino a un ejemplo de perseverancia. Bajo su guía elaboró “Gota”, la primera pieza que realiza y con la que obtuvo el tercer lugar en la categoría de 6 a 10 años. El reconocimiento representa mucho más que un premio: es el orgullo de una familia que ha dedicado años al trabajo del ámbar y la satisfacción de ver cómo una nueva generación continúa el legado.
Joan tiene un objetivo claro: seguir creando piezas que permitan que el trabajo de los artesanos chiapanecos sea reconocido y valorado más allá de las fronteras del estado y del país.
Las historias de Karla, Santiago y Joan son una muestra de que el relevo generacional ya está en marcha. Mientras otros niños dedican su tiempo libre a distintas actividades, ellos perfeccionan una habilidad que forma parte del patrimonio cultural de Chiapas. Entre limas, herramientas y fragmentos de resina fosilizada, estos pequeños artesanos demuestran que la tradición del ámbar tiene un futuro prometedor, impulsado por manos jóvenes que trabajan con la misma pasión y orgullo que sus padres y abuelos.










