MdeR / Ocosingo
Mientras los discursos oficiales hablan de desarrollo, infraestructura y atención a las comunidades, en El Sibal la realidad es otra, sus habitantes han tenido que tomar picos, palas, grava y las herramientas que tienen a su alcance para reparar por cuenta propia las calles de su localidad.
Lo que las autoridades deberían de hacer hoy un grupo de pobladores tienen que tomar la iniciativa, ante la falta de respuestas.
Los pobladores aseguran que han solicitado atención para mejorar sus vialidades, pero ante la falta de respuestas decidieron organizarse y actuar por cuenta propia. No esperan una obra de lujo; reclaman condiciones mínimas para poder transitar dignamente por su propia comunidad.
El caso evidencia una problemática que durante años ha golpeado a las comunidades rurales de Ocosingo: la distancia parece convertirse en una barrera para que las necesidades de los habitantes sean atendidas con la misma prioridad que las de la cabecera municipal.
Y mientras en tiempos electorales las comunidades suelen convertirse en escenario de promesas de caminos, calles, servicios y desarrollo, después de las campañas muchas de esas necesidades vuelven a quedar en segundo plano.
Habitantes han cuestionado que existan proyectos con presupuestos millonarios que, aseguran, no siempre se reflejan en trabajos visibles o de calidad. También han señalado la falta de supervisión constante, particularmente en zonas donde trasladarse implica recorrer largas distancias.
¿Quién está verificando que las obras públicas realmente se hagan y que los recursos destinados a ellas se traduzcan en beneficios para las comunidades?
Porque una cosa es aprobar presupuestos y anunciar obras en documentos oficiales, y otra muy distinta es que esas obras existan, funcionen y respondan a las necesidades de la población.
Mientras las autoridades responden o guardan silencio, en El Sibal los habitantes ya comenzaron a resolver el problema por su cuenta.










