La “narrativa mediática” como instrumento de control social: La historia se reescribe desde el poder político y económico

La “narrativa mediática” como instrumento de control social: La historia se reescribe desde el poder político y económico

“Por la Conciencia”

Dr. Roger Heli Díaz Guillén

 El control de la “narrativa mediática” es la capacidad de influir o imponer una versión especifica de los hechos para moldear la percepción pública. Funciona mediante la selección de temas llamada agenda  seting que decide que temas se vuelven importantes y cuales se ignoran por completo y; el encuadre de la información (framing)  que presenta en un mismo evento enfoques particulares como por ejemplo tildar una protesta social como disturbio; que sirve para beneficiar intereses  políticos y económicos; así como la llamada “cámara de eco” que delimita la versión de grupos rescatando una idea como si fuera el “sentido común” o la única realidad.

Este manejo de la narrativa mediática genera polarización, hegemonía y resistencia, funcionando como herramienta central del marketing político al construir relatos y “verdades” que moldean la opinión pública y las decisiones de los votantes. Por ejemplo, el espacio de comunicación “la Mañanera” del poder ejecutivo define la agenda política diariamente, ordena temas desde la perspectiva del interés; critican voces e informa su quehacer.

La narrativa mediática como lo expone Juan Alvares en artículo de opinión de abril del 2025, titulado “De la narrativa al control: Cómo el poder reescribe lo real”, que el mundo mediático es “un territorio donde las palabras no solo informan: ordenan el mundo. Donde las imágenes no ilustran: condicionan lo que puede ser imaginado. Como la política misma, esta disciplina no opera en la superficie: hunde sus raíces en los símbolos, los afectos, las representaciones que moldean la conciencia colectiva. Por eso no es solo una práctica técnica: es una forma de intervención ontológica. Una manera de decirle a la sociedad quién es, a quién debe temer, qué debe desear y qué debe rechazar”.

Precisa el articulo citado, “que los dilemas más complejos no se juegan en la gramática de la estrategia, sino en el murmullo silencioso de la conciencia. No es el producto lo que interroga: es la identidad de quien lo comunica. ¿Quién soy cuando participo en esta arquitectura del mensaje? ¿A quién sirvo realmente, y a qué precio? Siendo la narrativa mediática “no es solo persuasión: es acompañamiento. Se acompaña a un líder, sí, pero también a una narrativa que puede edificar o distorsionar el sentido común. Esa cercanía — como toda intimidad — obliga a exponerse. No a la luz pública, sino al espejo interno, ese que revela el desajuste entre lo que se impulsa y lo que se cree…”, Es un acto donde “el relato se convierte en reja, y la audiencia, en rehén”.

Estudiosos del tema destacan que la narrativa mediática funciona como un mecanismo de control social donde el poder político y económico reescribe la historia a su conveniencia imponiendo verdades oficiales silenciado voces disidentes mediante la selección de hechos, el uso del eufemismo y la repetición constante. Precisando que los grandes conglomerados de comunicación y los gobiernos no solo informan sobre los acontecimientos, también definen el marco bajo el cual la sociedad debe interpretarlos. Se eligen que sucesos merecen la categoría de notica histórica y cuales deben quedar en el olvido (selección interesada). Emplean conceptos abstractos para legitimar acciones de fuerza o despojos económicos (lenguaje dirigido). Simplificando los conflictos sociales para culpar a actores específicos y desviar la atención estructural (construcción de enemigos).

En este orden, el pasado deja de ser un registro riguroso de los hechos y se transforma en una herramienta de legitimación para el presente; por lo que cuando el poder político y el económico se alinean el relato histórico se adapta para justificar el statu quo; produciéndose un amnesia institucional donde se borran alas resistencias populares y las faltas sistemáticas  de los modelos dominantes; presentándose una hagiografía oficial que exagera e inventa virtudes en figuras funcionales al sistema y se demoniza a los críticos. Así mismo se da una naturalización del orden presentándose un modelo económico como único destino posible de la humanidad.

Hoy caminamos hacia una lectura y mirada crítica del presente que permite romper con este ciclo de control, que requiere reconocer que la información no es neutral y que detrás de cada gran titular existe una estructura de interés. Siendo sugerente descentralizar las fuentes de información buscando información más alá de los monopolios informativos; fomentar la memoria colectiva rescatando testimonios de los sectores marginados de la historia oficial, como aconteció con los pueblos indígenas en la constitución que fueron excluidos en siglos y; cuestionar el sentido común analizando que hay detrás de las palabras y su humana piel impuesta, que el poder repite todos los días.

Concluimos con palabras de Juan Álvarez, sosteniendo que “Vivimos en un tiempo en que la verdad ya no se falsifica: se edita. Se recorta lo real para que encaje en los algoritmos del antagonismo. La eficacia se ha vuelto un dios ciego que premia al que polariza mejor, no al que razona con mayor justicia. En ese contexto, el estratega político se convierte — a veces sin quererlo — en un coreógrafo de ficciones funcionales, en un intermediario entre la emoción colectiva y el interés particular.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *