Los siguen engañando
Una nueva caravana recorre las carreteras del Soconusco de Chiapas. El jueves por la tarde salió de Tapachula con destino al centro del país. Los organizadores de la marcha aseguran que, esta vez, las personas extranjeras que llevan, muchas de ellas, meses viviendo en aquella zona de la entidad chiapaneca, no tienen contemplado aventurarse a llegar a Estados Unidos.
La declaración es a medias verdad y a medias mentira. ¿Por qué? De acuerdo con los antecedentes de las caravanas que han intentado cruzar el territorio mexicano para llegar a la frontera norte, la mayoría de sus integrantes ha ido desistiendo, ha regresado obligada o bajo promesas del gobierno. Lo cierto es que una mínima parte —el dato no se tiene oficialmente— logra avanzar. En la era de Donald Trump, prácticamente las bardas perimetrales no han sido utilizadas como vía de acceso, debido a la fuerte presencia de agentes estadounidenses.
Los jóvenes que vienen solos, sin familia, son los primeros en aventurarse a caminar sin descanso, utilizando brechas para evitar ser atrapados por el Instituto Nacional de Migración. Su odisea y su historia se quedan con ellos, pues no se conocen los pormenores de cuántos logran finalmente su propósito.
Hoy, de nueva cuenta, un grupo de aproximadamente mil personas emprende la aventura de adentrarse en el centro del país. En las imágenes de quienes forman parte del contingente se observan personas mayores y muchas otras cargando niños sobre los hombros. El viacrucis no puede ser más elocuente y, al mismo tiempo, desesperanzador, dadas las condiciones que les impiden desplazarse con libertad.
Las autoridades del Instituto Nacional de Migración saben que difícilmente lograrán su objetivo. Además, tienen la orden de mantener ilusionado al grupo y, kilómetros más adelante, irlo minando mediante promesas de garantías y de que ahora sí recibirán su salvoconducto. Pero, al final, es una promesa que difícilmente se cumple.
En este papel tampoco resulta muy profesional la actuación de los representantes de organismos no gubernamentales de derechos humanos, porque saben que no podrán rebasar la línea que ya ha trazado la autoridad.
Los antecedentes así lo indican. Durante este año se han registrado cuatro caravanas que emprendieron el recorrido. La denominada “Génesis 2026” partió el 25 de marzo con alrededor de 800 personas, principalmente de Cuba, Haití y países de Centroamérica. La segunda, denominada “David”, salió a mediados de abril con alrededor de mil personas, en su mayoría migrantes haitianos.
La tercera fue gestada a finales de junio de 2026 por grupos de migrantes varados en la frontera sur, con el propósito de exigir permisos de tránsito y opciones de empleo temporal en territorio mexicano. La cuarta es la que partió el jueves pasado, denominada “Sueños Sin Fronteras”.
El dato curioso es que muchos de sus integrantes son personas deportadas de Estados Unidos que buscan estabilidad en México ante la imposibilidad de reingresar al país vecino del norte.
Su recorrido es resguardado por autoridades municipales y policías estatales, la Guardia Nacional, personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y del Grupo Beta, además de elementos del Instituto Nacional de Migración. Pero ¿a qué precio? Porque volverá a pasar lo que tanto hemos señalado: estarán de vuelta, si no cientos de personas, sí más de una tercera parte de quienes emprendieron el recorrido.
Esta vez, el grupo está conformado por hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, nicaragüenses, venezolanos, cubanos y haitianos. Estaremos atentos al desarrollo de la caravana, pero insistimos: el éxito de su travesía está en duda porque, para nadie es un secreto: los siguen engañando.
Sin embargo, la necesidad y la esperanza de encontrar un mejor futuro siguen latentes y, mientras haya fuerzas, así continuarán: sufriendo, pero con el optimismo a tope.










